Este 11 de diciembre en Nueva York nos despertó con un susto… bueno realmente fueron las decenas de mensajes y llamadas al teléfono.

Al parecer, un artefacto en una estación de metro a la altura de la calle 42 hizo explosión bien temprano por la mañana. Afortunadamente ni pasamos por allí ni teníamos que pasar en las siguientes horas. No fue mucha la cosa, si no recuerdo mal más bien fue el “susto” y el caos que como o podéis imaginar se montó durante las primeras horas de la mañana.

Después de desayunar en el apartamento y  terminar de organizar un poco las rutas para hoy, nos cogimos un metro directo a la zona sur para coger el ferry a Staten Island.

En nuestra anterior visita a la ciudad fuimos a visitar la Estatua de la libertad así que esta vez decidimos conformarnos con verla desde el ferry gratuito a Staten Island; sobre todo para poder comparar y así poder escribir y reafirma en mi parecer que os contaré más adelante.

Este Ferry se inauguró en 1905 y cada día pasan por él casi 70000 (aunque en muchos sitios he leído que esa cifra puede aumentar considerablemente dependiendo de las fechas). Lo bueno de este transporte es que es completamente gratuito y que desde el ferry se tienen unas vistas fabulosas del skyline de la zona sur de Manhattan y de la estatua de la libertad.

Cuando llegamos, se acababa de ir un ferry así que nos sentamos tranquilamente a esperar el siguiente mientras veíamos como iba llegando cada vez más gente (muchos de ellos, turistas como nosotros) y se ponían en la puerta para entrar de los primeros.

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Como os decía, el ferry es completamente gratuito y además funciona durante las 24 del día. No os preocupéis si perdéis uno porque la frecuencia es muy buena (durante la semana y durante el día salen ferrys cada 15 minutos, el fin de semana y las noches bajan un poco las frecuencias).

Una arriba nosotros decidimos ir un rato fuera para disfrutar de las vistas,  !! pero el frío era atroz ¡¡, tanto que éramos pocos los inconscientes que nos atrevíamos a salir a hacer fotos.

Las vistas de los edificios de la parte sur de la ciudad son fabulosas y también de los puentes de la ciudad, pero lo mejor de todo (para mí) fue poder ver de nuevo a Miss Liberty.

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Me pasé casi todo el viaje de ida haciendo fotos a pesar de que mis manos estaban ya pidiendo socorro…

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Pero ¿Quién se resiste a tener imágenes como estas ?

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Cuando llegamos bajamos corriendo para coger el ferry que salía de vuelta, y esta vez aunque también pude hacer fotos muy bonitas, tenía tanto frío que la mitad del camino estuve sentado dentro.

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Ahora bien; os diré, que no es comparable ir a visitar la estatua de la libertad en Liberty Island a conformarse con verla desde el ferry; al menos desde mi parecer. Ahora que hemos hechos las dos cosas podemos opinar sobre ello… Desde nuestro punto de vista ir a Liberty Island es algo muchísimo más espectacular.

Cuando bajamos nos fuimos caminando hacia la zona de Wall Street que ya tiene un bullicio de gente importante, sobre todo la estatua del famoso toro que estaba copada por un grupo de chinos ruidosos. Esperamos unos minutos para hacernos unas fotos y para ver la estatua de la niña que colocaron también allí.

Íbamos sin prisa disfrutando de las prisas de la zona, de todo el mundo corriendo de un lado a otro y nos alegramos de ver cómo la Trinity Church estaba abierta y sin andamios (cuando fuimos en 2012 estaba completamente tapada), así que entramos a echar un vistazo.

Y por fin llegamos a la zona cero; un lugar que ya nos sobrecogió en su día pero que hoy lo haría aun más.

Se nos hizo raro ver a tan poca gente en la zona de las fuentes donde estaban las torres gemelas ya que cuando fuimos la vez anterior estaba atestado de gente, ese día la verdad que se podía estar solo en muchos ángulos.

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Paseamos un rato por toda la zona, viendo la bola que quedó intacta o lo que llaman el árbol superviviente, todo un símbolo ya que lo “rescataron” del desastre del aquel fatídico 11 de septiembre y lo han trasplantado de nuevo allí como símbolo de la recuperación.

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Después de hacer varias fotos entramos a visitar el Museo del 11-S y no os voy a engañar a nosotros nos resultó una visita dura. Dura, pero muy interesante y creemos que imprescindible. Podéis comprar las entradas por adelantado en su web y así ahorraros la cola de la venta (aunque ese día la verdad que no eran unas colas muy largas). Las entradas no son baratas (24 dólares por adulto) pero creedme que merece mucho la pena la visita por dura que sea. Las entradas están disponibles con 6 meses de antelación.

No voy a extenderme mucho contándoos lo que se puede ver en el museo porque os lo podéis imaginar, pero es muy emotivo. Hay una sala en la que no se pueden hacer fotos de la que nosotros salimos muy emocionados.

No sé si es porque es algo digamos que “has vivido”, porque creo que todos recordamos lo que estábamos haciendo ese día, pero además es que eres consciente de que ese día cambió el curso de la historia actual.

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Nosotros estuvimos dentro alrededor de una hora y media porque teníamos más visitas que queríamos realizar, pero realmente da para muchísimo más ya que hay muchos carteles informativos.

Salimos bastante acongojados así que fuimos así que el aire fresco nos vino fenomenal (además dentro del museo hacía un calor insoportable).

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Otra de las visitas que teníamos apuntadas era el famoso Oculus, el intercambiador de metro diseñado por Calatrava y que tanta polémica está teniendo porque (como todo lo de Calatrava) está dando muchos problemas.

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A mi personalmente me gustó muchísimo porque no me lo imaginaba tan grande; pero claro imagino que a los neoyorkinos quizá no les haga tanta gracia sabiendo los problemas que está teniendo y más aun sabiendo lo que les ha costado. Por fuera me gustó mucho pero por dentro me gustó muchísimo más.

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Nos metimos en el Century 21 a echar un vistazo a ver si encontrábamos algún chollo, y oye buscando bien si que se encuentran cosas muy buenas y baratas !!!

Era ya la hora de comer y escogimos el Shake Shack que hay al lado de la zona cero y después de comer pusimos rumbo de nuevo al centro de Manhattan. Habíamos comprado entradas para las 4.30 de la tarde para el Top of the Rock para ver anochecer allí.

Pasados los controles rutinarios de seguridad (por cierto, aseguraos de comprar la entrada por anticipado porque nosotros casi nos quedamos sin la hora que queríamos), tuve la misma sensación que la primera vez, me quedé sin palabras ante aquellas vistas.

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Sobran las palabras, nos dedicamos a disfrutar de como se iba iluminando la ciudad y de cómo los cientos de personas que estábamos allí disfrutábamos del espectáculo. Os dejo más fotos de cómo iba cambiando todo en cuestión de minutos.

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Una vez se hizo de noche bajamos extasiados de nuevo a la calle y convencidos de que subir al Top of the Rock es una de las visitas imprescindibles de Nueva York.

Nos fuimos a ver los escaparates navideños de Macy’s y siguiendo la recomendación de Mari Angeles de “A propósito de mí”, subimos a la planta de decoración navideña ya que estaba todo al 50% (y más) y nos hicimos con algunos adornos (vaaaale, con muchos…).

Estuvimos tomando unas cervezas en un bar cercano mientras decidíamos dónde cenar y finalmente optamos por probar la hamburguesa de Jackson Hole. Pedimos una East Burguer, unas alas de pollo y una ensalada, y no pudimos ni con la mitad. La hamburguesa buenísima ¡¡ pero era tremendamente enorme !!.

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Decidimos caminar un poco para bajar un poco la cena mientras charlábamos de lo perfecto que esta siendo este viaje a Nueva York.




Agradecemos al 911 Memorial su invitación para visitar el museo y su disposición a la hora de proporcionar cualquier tipo de información.