Para nuestro último día en Islandia nos habíamos guardado algunas visitas interesantes en una de las zonas más interesantes del país: la península de Reykjanes.

El día no amaneció con muy buena pinta ya que además de frío lloviznaba bastante pero no había tiempo que perder, nuestro vuelo salía a las 6 de la tarde y queríamos aprovechar el máximo posible.

Quisimos acercarnos a los acantilados de Hafnarberg, pero al llegar encontramos el acceso bastante inundado y embarrado y a pesar de llevar 4×4, no quisimos arriesgarnos a quedarnos allí atascados así que dimos la vuelta y nos fuimos a visitar la zona de Krysivik.

Krysuvik es otra de las áreas geotermales más importantes del país. A través de varios senderos, se van recorriendo las diferentes columnas de vapor y fumarolas.

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Aunque es más pequeña que la zona de Geysir; si tenéis tiempo nos pareció interesante de visitar, es una zona cómoda para el visitante y en poco tiempo se da la vuelta al lugar.

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Se puso a llover más fuerte, así que nos volvimos al coche y nos pusimos rumbo a la siguiente parada, una de las atracciones más populares de Islandia: la Blue Lagoon.

Nosotros sabíamos que no íbamos a entrar, pero desde fuera hay una zona a la que se puede acceder para verla de manera gratuíta.

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Nos pareció increíble el color del agua…  Esta laguna artificial procede de la geotérmica cercana Svartsengi y os aseguro que el color del agua es tal y como se ve en las fotos.

El lugar es increíble, pero a nuestro parecer es excesivamente caro. En octubre de 2018, al cambio eran más de 65 euros así que optamos por conformarnos con las vistas desde fuera y hacer algunas fotos (también es cierto es que no íbamos bien de tiempo y preferíamos visitar más lugares de la península). Sí queréis ver precios y pensároslo, en este enlace podéis ver los precios oficiales (es la web oficial).

Volvimos al coche y fuimos a visitar un lugar que a nosotros particularmente nos encantó: Mydlína o el puente entre dos continentes. 

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Este lugar se encuentra entre las dos placas tectónicas, la euroasiática y la américa y digamos que es un símbolo de la separación de los dos continentes.

A través del puente se puede “caminar” de un continente a otro, e incluso se puede bajar al fondo de la falla.

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Muchos de los que nos seguís sabéis lo que nos gustan los faros, así que no podíamos perdernos ir a visitar el faro de Gardur.

Actualmente existen dos faros en este lugar. El antiguo faro fue construido en 1897 y actualmente alberga un café o algo por el estilo (estaba cerrado cuando fuimos) pero también sirvió como centro de estudio de aves migratorias.

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A pesar del viento tan terrible que hacía (llegaba a ser hasta peligroso salir del coche) no quisimos dejar la oportunidad de hacer algunas fotos por allí.

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No había nadie por la zona (el día estaba despejadísimo ya pero hacía un frío de narices) así que aun lo disfrutamos aun más.

Era casi hora de comer así hicimos una breve parada en Hvalsnerkirkja donde nos comimos nuestro último sandwich en Islandia. 

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Nos parecía increíble tener que irnos ya… así que salimos del coche (a pesar de que había vuelto a llover) a disfrutar de los últimos momentos de soledad en este increíble lugar.

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De camino al aeropuerto, paramos en Gunnuver, una pequeña área geotermal con una curiosa leyenda. El nombre de Gunnuver viene de la leyenda de un fantasma con el mismo nombre, que dice que hace 400 años el fantasma de una mujer llamada Gunnuver comenzó a aparecerse por la zona perturbando todo el área y un sacerdote le puso una trampa haciéndola caer en los lodos hirvientes.

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Nos pusimos rumbo ahora hacia Keflavik, parando antes en la zona de Brimketill pero no que pudimos apenas ver, ya que con el temporal que había era prácticamente imposible.

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Devolvimos el coche de alquiler sin problema alguno y esperamos con mucha pena nuestro vuelo de vuelta a España.

Tenemos que decir que ha sido uno de los viajes más sorprendentes que hemos hecho. Nos ha parecido un país fascinante, lleno de contrastes, con una naturaleza salvaje, brutal e impredecible. Y nos hemos prometido volver, para poder disfrutar de nuevo de esas maravillas y de otros lugares que se nos han quedado pendientes.