Mágica Venecia. Tercer día

Para nuestro tercer día en Venecia, el plan matinal era visitar las islas de Torcello y Burano.

 Como ya habéis podido comprobar en las anteriores etapas, Venecia es mucho más que San Marcos o Rialto. Quedarse solo con esa parte bella (ya de por sí, bella) creo que sería un gran error. Así que cuando comencé a preparar el viaje y descubrí esta dos pequeñitas islas, ajusté los itinerarios para poder al menos echarles un vistazo.

 En lugar de coger el vaporetto para ir hasta la Fondamente Nove, decidimos ir andando para aprovechar y ver cosas por el camino.

Comenzamos nuestra ruta caminando por el Campo San Zulian para llegar a la espléndida iglesia de Santa María Formosa, según la leyenda es uno de los 8 santuarios fundados por San Magno. Aquí pudimos ver cuadros de viarini, Palma el Joven, Palma el Viejo y Tiépolo. (Todas las iglesias de Venecia albergan auténticas obras de arte).

 Fuimos bordeando el campo para poder admirar otras maravillas venecianas, la Scuola Grande di San Marco, el hospital Civil (maravilloso) y la Basílica dei Santi Giovanni e Paolo que junto con la dei Frari consagran el esplendor del gótico Veneciano. En esta última reposan los restos de 25 dux en mausoleos y tumbas realizadas por Lombardo y Buora. También conservan como reliquia la piel de Bragadín. Muy recomendable esta última basílica.

 Y volviendo sobre el campo Santi Giovanni e Paolo llegamos a la Calle Larga Giacinto Gallina para llegar al Campo Santa María Nova que al cruzarlo, llegas a una de las iglesias más bonitas que he visto en mi vida: Santa María dei Miracoli, una verdadera joyita renacentista del barrio de Cannaregio, ideada por Pietro Lombardo. Había leído que la comparaban con un joyero, o una caja de bombones, y es cierto. Pequeñita, pero preciosa. En su interior guarda una “Virgen con niño” que se supone que es milagrosa. Para mí es otra de las visitas imprescindibles para ver esos mármoles en tonos rosados, es realmente un verdadero gusto para la vista. Tanto es así que es la iglesia preferida de los venecianos y muchos de ellos la escogen para casarse.

 Seguimos caminando por el precioso barrio de Cannaregio (un verdadero placer caminar sin nadie por la calle excepto algún que otro veneciano) y llegando ya a la Fondamente, vemos que se alza imponente la Iglesia de los Jesuítas (estaba cerrada en ese momento).

 Al llegar a la parada del vaporetto, observamos que quedaban 30 minutos para que llegara, así que una Osteria cercana nos metimos a tomar algo (si no recuerdo mal es Trattoria la Tortuga y recuerdo que preparaban unas bruschette exquisitas).

 Nos dirigimos ahora sí a coger el vaporetto rumbo a las islas. Hay que coger el Vaporetto LN hacia Burano (va haciendo paradas y el trayecto dura unos 30 minutos). Una vez llegas a Burano puedes empezar la visita por allí, pero yo recomiendo esperar en la parada a coger el vaporetto que va a Torcello (Vaporetto T que hace solamamente el trayecto Burano-Torcello-Burano tarda solamente 5 minutos en hacer el trayecto a Torcello).

 Torcello es una islita minúscula y es considerada la parte de Venecia más antigua, además en la época de la República era la zona más poblada.

El mayor atractivo de la islita sin duda es la Catedral de Santa María Assunta, una preciosa catedral bizantina del siglo XI (aunque fue fundada allá por el siglo VII) que conserva en un estado envidiable unos mosaicos (como el del Juicio Final del siglo XII) y suelos de estilo bizantinos.

 Se conserva también la pequeña y bonita iglesia de Santa María Fosca también de los siglos XI y XII.

Frente a las dos construcciones se halla el conocido como “Trono de Atila” supuestamente llamado así por el rey de los Hunos (nada que ver, ya que lo más seguro era de la podestá de algún obispo…).

 Por el paseo camino a las iglesias, se encuentra el Ponte del Diavolo, un puente sin barandillas que según cuenta la leyenda fue construido por el mismísimo diablo un 24 de diciembre y para que la gente no lo olvida, se dice que cada 24 de diciembre a las 12 de la noche, se aparece un gato negro que representa a Satán.

Volvimos de nuevo a por el vaporetto ahora sí, dirección a Burano. Teníamos muchísimas ganas de conocer la isla de las casitas de colores.

Burano (en dialecto veneciano llamada Buran) se encuentra a unos 7 kilómetros de Venecia y su población ronda los 7000 habitantes y las casas están pintadas en vivos colores porque así cuando llegaban los pescadores y había niebla se podían distinguir sus casas.

Burano es famosa también por la producción de preciosos y delicados encajes de hilo.

 Pasear por Burano, es retroceder años atrás, e imaginarte la verdadera de una tranquila isla pesquera.

Si bien es verdad que por la zona en la que te deja el vaporetto hay mucho turista, pocos se alejan mucho de esa zona. Pero cuando te alejas un poco y callejeas por allí, es una verdadera delicia, sentir el silencio y la paz de las strade poco transitadas.

Con las ropas tendidas al sol, las mujeres cosiendo los encajes, alguna que otra barca de pesca que va llegando…

Muy recomendable si se quiere parar a comer es la Trattoria al gatto nero (un poco cara pero recomendada en muchos sitios).

Sin duda alguna, guardo muy buenos recuerdos del pequeño paseo por las islas.

Recomiendo a todo el mundo que se acerque una mañana, porque en un par de horitas se puede dar un paseo tranquilamente y disfrutar enormemente de estas dos islas.

 Volvimos a coger el vaporetto de vuelta. Era más temprano de lo que pensábamos así que nos íbamos a zambullir de lleno en otros de los barrios más venecianos: Cannaregio y un poco de Castello.

 Comenzamos subiendo de nuevo por la Fondamente y conforme nos alejábamos, las calles estaban menos transitadas. De verdad que perderte por Venecia sin seguir un plano es lo mejor que puedes hacer.

Llegamos a la Fondamenta della Misericordia  subiendo por C. de Trevisan y C. te Vecchia dónde cogimos la Fondamenta Gesparo Contarini para llegar a Scuola dei Mercanti y ver ya la iglesia Madonna dell’Orto, otra preciosa iglesia gótica dedicada en un principio a San Cristobal,  pero con los años se descubrió en una huerto cercano (Orto) una estatua supuestamente milagrosa de la Virgen; y desde entonces está dedicada a la Virgen. Aquí está enterrado Tintoretto y puedes ver algunas de sus obras más jóvenes.

Al salir, de frente a la iglesia te topas con el Campo dei Mori y las estatuas de los hermanos mastelli de piedra. Los hermanos mastelli eran unos comerciantes orientales que se jactaban de hacer unos tratos completamente justos. La leyenda viene diciendo que un día el mayor de los hermanos Mastelli dijo al cerrar un trato “que me convierta en piedra si digo una falsedad” y ahí tenéis las estatuas de los 4 hermanos convertidos en Piedra.

En el campo se encuentra también la casa de Tintoretto, aunque no demasiado bien conservada…

 Nos fuimos adentrando mucho más en las poco transitadas strade de Cannaregio hasta toparnos con el elegante puente de hierro forjado que da paso a , el barrio judío de Venecia en el que desde los siglos XVI a XVII fueron obligados a vivir los judíos.

 Un barrio muy bonito y muy apacible en el que todavía viven algunos judíos. Allí se encuentra Museo Comunità Ebraica (museo judío).

Seguimos paseando un buen rato por el guetto y ya nos dimos cuenta que era tarde y aun nos habíamos comido; así que paseando fuimos a dar a la concurrida Rio Terrá Lista di Spagna, donde nos metimos en una de las muchas trattorias para comer.

Al salir, decidimos dar un paseo por la concurrida calle, llena de puestos callejeros, tiendas de souvenirs y nos llamó la atención una bonita tienda de máscaras en la que el dueño estaba precisamente pintando a mano una máscara, donde aprovechamos para comprar una bonita máscara realizada a mano y a muy buen precio. Los datos de la tienda son: Ca’ Macana Atelier di Brassesco&Vicente SNC; Cannaregio, 1374/75.

Seguimos callejeando por Cannaregio, pasando por la Scuola Grande San Marcuola y la Iglesia della Maddalena, llegando a la concurrida Strada Nuova (aquí ya te vuelves a juntar con muchísima gente), repleta de tiendas de souvenirs, (donde si se busca un poco se pueden encontrar buenos precios), supermercados, Mcdonalds; y multitud de gente que íba de un lado a otro.
A mitad de la Strada Nuova nos asomamos al Gran Canal para ver la bonita fachada de Ca’ d’Oro que yo no me cansaba de ver.

 Seguíamos “perdidos” y no mirábamos mucho el mapa la verdad; parece mentira pero aunque te pierdas, te metas por callejones estrechos y oscuros, no tienes para nada sensación de inseguridad, de hecho se dice que Venecia es una de las ciudades más seguras.

Llegamos al Campo Santa Maria Formosa, en el cual metiéndote por un callejón, encuentras una de las cosas más curiosas que veréis jamás… La Librería Acqua Alta. Una pintoresca librería con libros de todo tipo, con una góndola de verdad dentro de la tienda (la tienda a veces se inunda) pero lo más pintoresco de todo es el dueño.

 

Al lado de la librería, tenéis otra bonita tienda de máscaras artesanales y como no entramos aprovechando que el dueño estaba terminando una para hablar con el.

 Ahora sí, nos fuimos en busca de una góndola, estábamos en Venecia, y hay que hacerlo, al menos una vez en la vida. La tarifa OFICIAL de las góndolas son 80 euros, 40 minutos (ni más ni menos, que no os quieran cobrar más). Si bien es verdad que en las zonas menos turísticas puedes encontrar algún gondolero que te rebaje el precio (nosotros en el ghetto encontramos uno que nos rebajaba 20 euros el precio).

El gondolero era muy simpático y nos contó multitud de curiosidades mientras nos llevaba por el que nos dijo era el único canal del que se veía lo alto del Campanile, pasamos al Gran Canal para pasar por debajo del Ponte Rialto, para después llevarnos por muchos canales pequeños pasando por la casa de Marco Polo ahora reconvertida en Teatro, una de las casas de Casanova, nos explicó la tradición de los mascheroni de las fachadas, pasando bajo el Puente de los Suspiros y llevándonos hacia San Marcos. Nos anocheció en la Góndola, y porqué no decirlo, fue algo muy romántico.

 

Cuando nos bajamos de la góndola prácticamente era de noche, pero aun no era tarde (serían las 19.00) así que decidimos perdernos un poco por el barrio de Castello. Otro barrio típicamente veneciano. Nos gustó mucho ver muchas ropas colgadas de ventana a ventana, y encontrarnos con muchos bares llenos de venecianos tomándose algo después del trabajo. Las calles estaban practicamente desiertas, oscuras e incluso a veces tenebrosas pero no nos importaba caminar sin apenas luz o solo con el ruido de alguna tubería o el murmullo de los canales.

Estábamos agotados pero aún quedaba nuestra última cena en Venecia, así que nos dirigimos hacia Rialto para llegar a San Polo y tratar de encontrar “Al nono Risorto”, esta vez fue más fácil que la vez anterior.
Llegamos con nuestra reserva, y menos mal que reservamos, porque allí no cabía un alfiler, y como quedaba media hora, nos fuimos a un bar cercano a tomar una cerveza y un Spritz donde había un grupo de venecianos viendo el futbol.

Era ya la hora de cenar y volvimos a la trattoria. Todo un acierto y totalmente recomendable, creo que éramos los únicos extranjeros allí, estaba todo lleno de venecianos, con lo cual no podría ser un sitio malo.

Recomiendo esta trattoria sin lugar a dudas. Está llevada por gente joven que la verdad que no paran, nos pedimos los menús de aquella noche:
1 plato de pennete al ragú (exquisitos y súper abundantes), 1 plato de spaghuetti ai frutti di mare; 1 plato de sepia en su tinta, un plato de embutido parecido al lomo español con ensalada, agua y medio litro de prosecco por unos 32 euros, un regalo vamos.

 Salimos apenados porque esto se estaba acabando… volvimos por Rialto viendo el puente iluminado de noche por última vez y paseando tranquilamente llegando a la Piazza San Marco para disfrutar de ella de nuevo iluminada y solitaria.

Terminaba nuestra última noche en Venecia…

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