Kioto V: Kiyomizudera, Higashiyama, Gion y Fushimi Inari

Cuarto día en Kioto. De nuevo, salimos del hotel muy temprano para evitar las aglomeraciones en lo que era el primer objetivo del día: visitar el templo Kiyomizudera.

Tras comprar el desayuno el la bakery del día anterior nos fuimos a coger el autobus en el que de nuevo compramos el pase diario de autobús por 500 yenes por persona.

Kiyomizudera (templo de agua pura) se encuentra al este de Kioto; en el precioso distrito de Higashiyama y todo su conjunto forma parte del conjunto Patrimonio de la Humanidad de Kioto desde 1994.

Entramos por la puerta Deva y tras pagar las 400 yenes de entrada por persona; entramos en el templo, o mejor dicho en el conjunto de templos que conforman todo el conjunto de Kiyomizudera.

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Construido en el año 778; el templo principal es algo de lo que más nos ha impresionado en Kioto. Las construcciones actuales (debido a la multitud de incendios que han sufrido), son del siglo XVII. El templo principal impresiona no solo por su tamaño, sino por la manera en la que está construido con esas vigas de madera milenarias que están colocadas a la perfección para que soporte ese peso día tras día.

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Afortunadamente, entramos temprano y aún éramos pocos los turistas que estábamos allí, así que aprovechamos para hacer fotos y pasear más tranquilamente y bajar a beber agua y “purificarnos” al Otowa-No-Taki.

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Por cierto; no bebáis de los tres chorros, escoged uno… no suele verse bien ser “avaricioso” y querer todo tipo de fortuna.

Seguimos paseando descubriendo rincones preciosos de todo el recinto y disfrutando de las increíbles del recinto principal (no te cansas de mirarlo y no nos extraña que sea una de las postales más típicas de Kioto).

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Después de descansar un rato volvimos a la zona de la entrada donde estuvimos haciendo fotos ya con todos los grupos numerosos de turistas y escolares que habían llegado al templo (Volvemos a insistir en la importancia de ir temprano a las “visitas principales”).

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Nos gustó mucho más de lo esperado el Kiyomizudera; sólamente por ver esos grandes bloques de madera que hacen que la estructura se mantenga en pie después de tantos años ya merece la pena la visita. Por cierto que todo el recinto es enorme, os dejamos un mapa descargada de la página youinjapan.net para que os hagáis una idea.

kiyomizudera_map

Tras salir del recinto del Kiyomizudera nos dedicamos a pasear por la zona de Higashiyama.

Las calles tradicionales de Higashiyama son una de las zonas preservadas de la ciudad, y el paseo por ellas consideramos que es imprescindible. Es volver al pasado, al Kioto medieval y tradicional. Además tuvimos suerte porque o bien aun no habían llegado las tropas de gente o bien habían pasado ya.

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Encontramos algunos grupos de estudiantes que nos miraban curiosos (sobre todo al bigote de David; como en todo el viaje lo que más llamaba la atención era su barba pero sobre todo su bigote !!).

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En algunas zonas de Sannenzaka y Ninenzaca (las callejuelas en cuesta) estuvimos casi solos, y pudimos disfrutar de un ambiente relajado y silencioso que hacían los paseos aún más especiales.

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Estuvimos un buen rato callejando, deshaciendo el camino, volviendo de nuevo a las mismas calles. Nos pareció una zona preciosa, para nosotros de los mejores paseos que se pueden hacer por Kioto; sin duda un paseo por Higashiyama es una visita imprescindible en Kioto.

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Descubrimos una pequeña cafetería al final de la calle de la foto superior; Key’s Café, en la que entramos a sentarnos un rato y charlar con el dueño, el cual se sorprendió un poco de vernos por allí (no sabemos si es que a esas horas no es normal ver turistas por allí… eran como las 11.00 de la mañana), y aunque fue algo caro (dos cafés, 700 yenes) lo pagamos bien a gusto porque estuvimos un rato charlando y descansando mientras decidíamos el camino a seguir a continuación.

Fuimos dando un paseo hasta Gion ya que nos apetecía descubrir todo este paseo a pie y desde allí decidimos seguir caminando hasta la siguiente visita: el templo Sansusangendo.

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Conocido como el templo de las 1000 estátuas, este templo data del siglo XII y es conocido por tener 1001 estátuas de la diosa Kannon.

A pesar de ser algo caro (600 yenes por persona) y estar prohibido hacer fotos o videos en el recinto que alberga las 1001 imágenes de Kannon; una deidad budista muy conocida en esta zona de oriente. Merece la pena visitarlo porque además de que el recinto exterior es bonito; no es uno de las templos con más afluencia como en los otros más conocidos.

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Impresiona mucho el recinto interno con las estatuas (por cierto os tenéis que descalzar a la entrada) e ir recorriéndolas. Vimos gente haciendo fotos; y aunque los japoneses no son dados a dar voces como en otros sitios que te chillan NO PHOTO; preferimos seguir las normas y tener la cámara apagada.

Tras salir del templo; buscamos un sitio donde comer y descansar un poco. Comimos bastante bien un poco de carne a la plancha y unos yakisoba por unos 1500 yenes y después de tomarnos un café o más bien algo parecido a un café nos fuimos a visitar el Templo Nanzenji.

Este templo situado también en Higashiyama es más bien un conjunto monástico y de templos de culto budista.

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Está catalogado como lugar de importancia histórica de Japón y está en lista de Patrimonio Cultural Japonés.

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De nuevo, nos encontramos con muy muy poca gente así, que nos dedicamos a pasear con calma sin mirar el reloj y a disfrutar de la tranquilidad del lugar; que por cierto, es muy bonito.

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Tras disfrutar prácticamente solos del lugar; nos dirigimos caminando a Gion a ver si teníamos suerte y podíamos ver a mas maikos o geikos.

En el post anterior ya os hablé un poco de las diferencias entre unas y otras; podéis echarle un vistazo aquí.

La suerte estaba de nuestro lado porque nada más llegar nos encontramos con una preciosa y como no, velocísima geiko a la que pudimos hacer algunas fotos.

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Yo personalmente (David); me seguía maravillando con cada vestido, con cada gesto que hacían, con cada detalle del pelo, con sus movimientos… Me parecen realmente fascinantes.

Por cierto que estos carteles os los encontraréis en las calles de Gion.

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Seguimos caminando y al meternos por un callejón; y casi para nosotros solos pudimos ver a una de las maikos más bonitas que vimos en todo el viaje.

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Nos pareció realmente preciosa, pero sobre todo delicada; y con un halo de tristeza o melancolía en la mirada que la hacía aun más bonita…

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Algunas fotos están algo borrosas porque ellas no se quedan paradas para tí… al contrario, cuando te das cuenta han desaparecido !!

Cuando ya nos íbamos a ir, de repente nos encontramos con huidiza maiko que esquivaba a los gente (aquellos que se le acercaban y zas! foto con flash…); aunque no nos pareció tan preciosa como la anterior, nos encantó su kimono.

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Ese día sin duda, teníamos suerte porque ya en la zona de Pontocho, al ir a coger el autobus pudimos fotografiar a dos geikos que salían de un taxi y se dirigían a una fiesta privada en un restaurante del río.

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No nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido, tanto el día anterior como este día… y a pesar de que algunas fotos están algo movidas, estamos más que satisfechos con nuestro “álbum” de maikos y geykos

Eran como las 18.30 de la tarde así que nos fuimos rápidamente a algo que teníamos muchas ganas y que nuestra amiga Verónica nos dijo que si teníamos tiempo que no dudásemos en hacerlo: visitar Fushimi Inari al atardecer.

Tuvimos suerte porque el autobus llegó rápido a la estación y justo pudimos coger un tren hacia Inari que salía rápido (ya sabéis que se encuentra a 5 minutos en tren).

Y efectivamente, si Fushimi Inari de día es mágico… cuando va cayendo la luz y se encienden los farolillos es verdaderamente especial.

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La luz del día se iba marchando poco a poco y aun iba llegando gente, mucha se iba marchando y el momento era único…

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Desde aquí os recomendamos que si tenéis tiempo hagáis lo que hicimos nosotros; visitarlo bien temprano por la mañana para poder visitarlo tranquilamente sin los agobios de la gente a la entrada y otro día visitarlo al atardecer y disfrutar de la magia que tiene este lugar.

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Nos fuimos con una sensación de paz indescriptible; quizá nos hagamos repetitivos, pero sin duda Fushimi Inari es de los lugares más bonitos de Japón.

Cuando llegamos a la estación, estábamos bastante cansados así que decidimos comprar la cena en el 7Eleven; por cierto una cena con cerveza que además estaba bien rica, y abundante por 900 yenes.

El día no podía haber sido más perfecto.

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