Mágica Venecia. Hasta luego Venezia…

Eran nuestras últimas horas en Venecia y comenzó a invadirme una añoranza que aún hoy a más de un año de mi viaje, no me ha abandonado.

Disfrutamos de nuestro último desayuno en el hotel y salimos a ver San Giacomo dell’Orio que aunque la han modificado varias veces, aún conserva sus orígenes bizantinos. Al salir de la iglesia, entramos en un supermercado donde compran los venecianos que viven por allí, para comprar un poco de pasta; muy barata por cierto y aprovechamos para pasear tranquilamente por última vez y hacer algunas compras

Volvimos de nuevo por Rialto y nos acercamos por última vez a la maravillosa Plaza de San Marcos, il Campanile, las fachadas del Ducal… intentando grabar para siempre en mi memoria esas joyas del arte y la arquitectura.

Ya volvemos al hotel a recoger las maletas y nos despedimos de Anna. Nos dirigimos a coger el vaporetto nº 1 para disfrutar del largo y último paseo por el Gran Canal y disfrutar viendo de nuevo los preciosos palacios que se van despidiendo de nosotros.

Cuando llegamos a la horrible Piazzale Roma, nos parecía estar en otro país, en otra época, en nuestra época. Nos ponemos a la cola, y ya sí, no hay vuelta atrás, rumbo al aeropuerto, donde con 15 minutos de retraso sale nuestro vuelo vuelta a Madrid.

Y vuelvo a ver Venecia desde el aire, y veo el Campanile que saluda orgulloso, y la Basílica de San marcos, y el Ducal, y distingo también la Salute…

Ahora sonrío con melancolía al releer estas líneas; ahora es cuando soy consciente de lo bella que es esta ciudad. Decir que me enamoré de ella es poco, se ha ido convirtiendo en una obsesión. A veces, me imagino viviendo allí, una vida apacible y sin prisas, sin humos ni ruidos, solo el rumor de sus gentes, de los turistas, de las maletas, de los canales.

Hasta aquí llega nuestro viaje a la encantada ciudad de los canales y por si todavía no os habéis enamorado de Venecia, os pongo algunos rincones, algunos detalles. Os animo a que conozcáis este maravilloso lugar que para bien o para mal, no deja indiferente a nadie.

Y me despido de Venecia no con un adios, sino con un hasta luego.

Campo en San Marco

Campo San Vidal

Campo Veneciano

Tienda de objetos curiosos

Flores en ventana

Pomo

Góndola

Grifo

Rincón con encanto

Puente

Detalle en pared

Dorsoduro

Po

Pintando máscara

Detalle en el Gran Canal

 

Hasta el próximo destino…

Mágica Venecia. Tercer día

Para nuestro tercer día en Venecia, el plan matinal era visitar las islas de Torcello y Burano.

 Como ya habéis podido comprobar en las anteriores etapas, Venecia es mucho más que San Marcos o Rialto. Quedarse solo con esa parte bella (ya de por sí, bella) creo que sería un gran error. Así que cuando comencé a preparar el viaje y descubrí esta dos pequeñitas islas, ajusté los itinerarios para poder al menos echarles un vistazo.

 En lugar de coger el vaporetto para ir hasta la Fondamente Nove, decidimos ir andando para aprovechar y ver cosas por el camino.

Comenzamos nuestra ruta caminando por el Campo San Zulian para llegar a la espléndida iglesia de Santa María Formosa, según la leyenda es uno de los 8 santuarios fundados por San Magno. Aquí pudimos ver cuadros de viarini, Palma el Joven, Palma el Viejo y Tiépolo. (Todas las iglesias de Venecia albergan auténticas obras de arte).

 Fuimos bordeando el campo para poder admirar otras maravillas venecianas, la Scuola Grande di San Marco, el hospital Civil (maravilloso) y la Basílica dei Santi Giovanni e Paolo que junto con la dei Frari consagran el esplendor del gótico Veneciano. En esta última reposan los restos de 25 dux en mausoleos y tumbas realizadas por Lombardo y Buora. También conservan como reliquia la piel de Bragadín. Muy recomendable esta última basílica.

 Y volviendo sobre el campo Santi Giovanni e Paolo llegamos a la Calle Larga Giacinto Gallina para llegar al Campo Santa María Nova que al cruzarlo, llegas a una de las iglesias más bonitas que he visto en mi vida: Santa María dei Miracoli, una verdadera joyita renacentista del barrio de Cannaregio, ideada por Pietro Lombardo. Había leído que la comparaban con un joyero, o una caja de bombones, y es cierto. Pequeñita, pero preciosa. En su interior guarda una “Virgen con niño” que se supone que es milagrosa. Para mí es otra de las visitas imprescindibles para ver esos mármoles en tonos rosados, es realmente un verdadero gusto para la vista. Tanto es así que es la iglesia preferida de los venecianos y muchos de ellos la escogen para casarse.

 Seguimos caminando por el precioso barrio de Cannaregio (un verdadero placer caminar sin nadie por la calle excepto algún que otro veneciano) y llegando ya a la Fondamente, vemos que se alza imponente la Iglesia de los Jesuítas (estaba cerrada en ese momento).

 Al llegar a la parada del vaporetto, observamos que quedaban 30 minutos para que llegara, así que una Osteria cercana nos metimos a tomar algo (si no recuerdo mal es Trattoria la Tortuga y recuerdo que preparaban unas bruschette exquisitas).

 Nos dirigimos ahora sí a coger el vaporetto rumbo a las islas. Hay que coger el Vaporetto LN hacia Burano (va haciendo paradas y el trayecto dura unos 30 minutos). Una vez llegas a Burano puedes empezar la visita por allí, pero yo recomiendo esperar en la parada a coger el vaporetto que va a Torcello (Vaporetto T que hace solamamente el trayecto Burano-Torcello-Burano tarda solamente 5 minutos en hacer el trayecto a Torcello).

 Torcello es una islita minúscula y es considerada la parte de Venecia más antigua, además en la época de la República era la zona más poblada.

El mayor atractivo de la islita sin duda es la Catedral de Santa María Assunta, una preciosa catedral bizantina del siglo XI (aunque fue fundada allá por el siglo VII) que conserva en un estado envidiable unos mosaicos (como el del Juicio Final del siglo XII) y suelos de estilo bizantinos.

 Se conserva también la pequeña y bonita iglesia de Santa María Fosca también de los siglos XI y XII.

Frente a las dos construcciones se halla el conocido como “Trono de Atila” supuestamente llamado así por el rey de los Hunos (nada que ver, ya que lo más seguro era de la podestá de algún obispo…).

 Por el paseo camino a las iglesias, se encuentra el Ponte del Diavolo, un puente sin barandillas que según cuenta la leyenda fue construido por el mismísimo diablo un 24 de diciembre y para que la gente no lo olvida, se dice que cada 24 de diciembre a las 12 de la noche, se aparece un gato negro que representa a Satán.

Volvimos de nuevo a por el vaporetto ahora sí, dirección a Burano. Teníamos muchísimas ganas de conocer la isla de las casitas de colores.

Burano (en dialecto veneciano llamada Buran) se encuentra a unos 7 kilómetros de Venecia y su población ronda los 7000 habitantes y las casas están pintadas en vivos colores porque así cuando llegaban los pescadores y había niebla se podían distinguir sus casas.

Burano es famosa también por la producción de preciosos y delicados encajes de hilo.

 Pasear por Burano, es retroceder años atrás, e imaginarte la verdadera de una tranquila isla pesquera.

Si bien es verdad que por la zona en la que te deja el vaporetto hay mucho turista, pocos se alejan mucho de esa zona. Pero cuando te alejas un poco y callejeas por allí, es una verdadera delicia, sentir el silencio y la paz de las strade poco transitadas.

Con las ropas tendidas al sol, las mujeres cosiendo los encajes, alguna que otra barca de pesca que va llegando…

Muy recomendable si se quiere parar a comer es la Trattoria al gatto nero (un poco cara pero recomendada en muchos sitios).

Sin duda alguna, guardo muy buenos recuerdos del pequeño paseo por las islas.

Recomiendo a todo el mundo que se acerque una mañana, porque en un par de horitas se puede dar un paseo tranquilamente y disfrutar enormemente de estas dos islas.

 Volvimos a coger el vaporetto de vuelta. Era más temprano de lo que pensábamos así que nos íbamos a zambullir de lleno en otros de los barrios más venecianos: Cannaregio y un poco de Castello.

 Comenzamos subiendo de nuevo por la Fondamente y conforme nos alejábamos, las calles estaban menos transitadas. De verdad que perderte por Venecia sin seguir un plano es lo mejor que puedes hacer.

Llegamos a la Fondamenta della Misericordia  subiendo por C. de Trevisan y C. te Vecchia dónde cogimos la Fondamenta Gesparo Contarini para llegar a Scuola dei Mercanti y ver ya la iglesia Madonna dell’Orto, otra preciosa iglesia gótica dedicada en un principio a San Cristobal,  pero con los años se descubrió en una huerto cercano (Orto) una estatua supuestamente milagrosa de la Virgen; y desde entonces está dedicada a la Virgen. Aquí está enterrado Tintoretto y puedes ver algunas de sus obras más jóvenes.

Al salir, de frente a la iglesia te topas con el Campo dei Mori y las estatuas de los hermanos mastelli de piedra. Los hermanos mastelli eran unos comerciantes orientales que se jactaban de hacer unos tratos completamente justos. La leyenda viene diciendo que un día el mayor de los hermanos Mastelli dijo al cerrar un trato “que me convierta en piedra si digo una falsedad” y ahí tenéis las estatuas de los 4 hermanos convertidos en Piedra.

En el campo se encuentra también la casa de Tintoretto, aunque no demasiado bien conservada…

 Nos fuimos adentrando mucho más en las poco transitadas strade de Cannaregio hasta toparnos con el elegante puente de hierro forjado que da paso a , el barrio judío de Venecia en el que desde los siglos XVI a XVII fueron obligados a vivir los judíos.

 Un barrio muy bonito y muy apacible en el que todavía viven algunos judíos. Allí se encuentra Museo Comunità Ebraica (museo judío).

Seguimos paseando un buen rato por el guetto y ya nos dimos cuenta que era tarde y aun nos habíamos comido; así que paseando fuimos a dar a la concurrida Rio Terrá Lista di Spagna, donde nos metimos en una de las muchas trattorias para comer.

Al salir, decidimos dar un paseo por la concurrida calle, llena de puestos callejeros, tiendas de souvenirs y nos llamó la atención una bonita tienda de máscaras en la que el dueño estaba precisamente pintando a mano una máscara, donde aprovechamos para comprar una bonita máscara realizada a mano y a muy buen precio. Los datos de la tienda son: Ca’ Macana Atelier di Brassesco&Vicente SNC; Cannaregio, 1374/75.

Seguimos callejeando por Cannaregio, pasando por la Scuola Grande San Marcuola y la Iglesia della Maddalena, llegando a la concurrida Strada Nuova (aquí ya te vuelves a juntar con muchísima gente), repleta de tiendas de souvenirs, (donde si se busca un poco se pueden encontrar buenos precios), supermercados, Mcdonalds; y multitud de gente que íba de un lado a otro.
A mitad de la Strada Nuova nos asomamos al Gran Canal para ver la bonita fachada de Ca’ d’Oro que yo no me cansaba de ver.

 Seguíamos “perdidos” y no mirábamos mucho el mapa la verdad; parece mentira pero aunque te pierdas, te metas por callejones estrechos y oscuros, no tienes para nada sensación de inseguridad, de hecho se dice que Venecia es una de las ciudades más seguras.

Llegamos al Campo Santa Maria Formosa, en el cual metiéndote por un callejón, encuentras una de las cosas más curiosas que veréis jamás… La Librería Acqua Alta. Una pintoresca librería con libros de todo tipo, con una góndola de verdad dentro de la tienda (la tienda a veces se inunda) pero lo más pintoresco de todo es el dueño.

 

Al lado de la librería, tenéis otra bonita tienda de máscaras artesanales y como no entramos aprovechando que el dueño estaba terminando una para hablar con el.

 Ahora sí, nos fuimos en busca de una góndola, estábamos en Venecia, y hay que hacerlo, al menos una vez en la vida. La tarifa OFICIAL de las góndolas son 80 euros, 40 minutos (ni más ni menos, que no os quieran cobrar más). Si bien es verdad que en las zonas menos turísticas puedes encontrar algún gondolero que te rebaje el precio (nosotros en el ghetto encontramos uno que nos rebajaba 20 euros el precio).

El gondolero era muy simpático y nos contó multitud de curiosidades mientras nos llevaba por el que nos dijo era el único canal del que se veía lo alto del Campanile, pasamos al Gran Canal para pasar por debajo del Ponte Rialto, para después llevarnos por muchos canales pequeños pasando por la casa de Marco Polo ahora reconvertida en Teatro, una de las casas de Casanova, nos explicó la tradición de los mascheroni de las fachadas, pasando bajo el Puente de los Suspiros y llevándonos hacia San Marcos. Nos anocheció en la Góndola, y porqué no decirlo, fue algo muy romántico.

 

Cuando nos bajamos de la góndola prácticamente era de noche, pero aun no era tarde (serían las 19.00) así que decidimos perdernos un poco por el barrio de Castello. Otro barrio típicamente veneciano. Nos gustó mucho ver muchas ropas colgadas de ventana a ventana, y encontrarnos con muchos bares llenos de venecianos tomándose algo después del trabajo. Las calles estaban practicamente desiertas, oscuras e incluso a veces tenebrosas pero no nos importaba caminar sin apenas luz o solo con el ruido de alguna tubería o el murmullo de los canales.

Estábamos agotados pero aún quedaba nuestra última cena en Venecia, así que nos dirigimos hacia Rialto para llegar a San Polo y tratar de encontrar “Al nono Risorto”, esta vez fue más fácil que la vez anterior.
Llegamos con nuestra reserva, y menos mal que reservamos, porque allí no cabía un alfiler, y como quedaba media hora, nos fuimos a un bar cercano a tomar una cerveza y un Spritz donde había un grupo de venecianos viendo el futbol.

Era ya la hora de cenar y volvimos a la trattoria. Todo un acierto y totalmente recomendable, creo que éramos los únicos extranjeros allí, estaba todo lleno de venecianos, con lo cual no podría ser un sitio malo.

Recomiendo esta trattoria sin lugar a dudas. Está llevada por gente joven que la verdad que no paran, nos pedimos los menús de aquella noche:
1 plato de pennete al ragú (exquisitos y súper abundantes), 1 plato de spaghuetti ai frutti di mare; 1 plato de sepia en su tinta, un plato de embutido parecido al lomo español con ensalada, agua y medio litro de prosecco por unos 32 euros, un regalo vamos.

 Salimos apenados porque esto se estaba acabando… volvimos por Rialto viendo el puente iluminado de noche por última vez y paseando tranquilamente llegando a la Piazza San Marco para disfrutar de ella de nuevo iluminada y solitaria.

Terminaba nuestra última noche en Venecia…

Mágica Venecia. Segundo día

Como va a venir siendo habitual en todas las etapas de nuestros viajes. Madrugón.

Es curioso estar de vacaciones y madrugar y que no te importe nada hacerlo, aunque estés cansado y tus pies no quieran seguir al resto de tu cuerpo.

Tomamos un buen desayuno muy tranquilos, y nos pusimos rumbo a un nuevo día lleno de sorpresas.

En nuestro segundo día en la Serenissima  visitaríamos la zona más céntrica de Venecia, los Sestieres de San Marco, San Polo y Santa Croce.

 Salimos Rumbo hacia la Piazza San Marcos, y de ahí al Palazzo Ducale ya que teníamos reservada la visita de “Los itinerarios secretos del Palacio Ducal” a las 09.30. Llegamos media hora antes para recoger las entradas, y te hacen pasar al patio principal hasta que llega el guía y se forma el grupo; y mientras tanto puedes recorrer el patio por tu cuenta e ir dándote cuenta de la belleza, la delicadeza y la opulencia del Palacio, eje central de la vida pública en la época de esplendor de la República.Por cierto que las entradas las pagamos una vez allí, 16 euros, pero tengo entendido que actualmente deben estar sobre 18 por persona. Pero como os explicaré a continuación, merece de sobra la pena pagar por esta visita.

 Después de dar un paseo por el patio y disfrutar de él prácticamente solos, nos dirigimos al punto de encuentro, y nos pusimos un poco nerviosos, porque allí no había nadie, ni turistas, ni guía… algo un poco raro… Nosotros escogimos la visita en italiano (ya os comenté que no la hay en español) ya que pensamos  que la podríamos seguir mejor que en los otras opciones.

Pues bien, a las 9.30 en punto llegó la guía, pero nadie más; así que increíble pero cierto, ¡La visita sería exclusiva para nosotros solos!

Comenzamos la visita subiendo por la preciosa y recargadísima Scala d’Oro y ahí ya nos empezamos a cruzar con muchos turistas. Pero fue de risa ver la cara que se les quedó al vernos entrar por una especie de puerta secreta con la guía, ahí comenzaba la visita.

Vas viendo la sala de los escribientes, y te explica como por fuera se ven unas ventanas grandes y opulentas, pero realmente son un ventanuco por el que apenas entra la luz y vas pasando a las salas del Consejo (Inquisición pura y dura), las salas en las que se llevaban a cabos los interminables interrogatorios y por las salas de tortura, en las que todavía se conservar algunos de los métodos utilizados. La guía se intenta explicar incluso en español, haciendo una visita de lo más amena.

Después vas pasando por las celdas y te muestran la celda dónde estuvo confinado el famoso Casanova y te cuenta como logró huir (no quiero desvelarlo… tendréis que ir Venecia para descubrirlo). Mientras tanto la guía nos cuenta multitud de curiosidades de la época, como los sistemas de calefacción o ventilación.

Cuando terminas la visita ya te unes al resto de turistas y te permiten seguir tu visita por libre.

Puedes ir viendo las diferentes salas del Senado, de las 4 puertas, del Gran Consejo y todas ellas como no repletas de obras de arte de Tintoretto, el Veronés,  Ponchino… Y en la sala de los 3 Capi, puedes quedarte maravillado (como fue mi caso) con un cuadro de El Bosco que recuerda mucho a su conocido “Jardín de las Delicias”. Sigues la visita y llegas a la Sala della Bussola dónde se encuentra uno de los múltiples buzones que se podían encontrar por toda la ciudad para realizar denuncias secretas.

Llegas a las prisiones de los prisiones de menos estrato social, y se te ponen los pelos de punta de pensar en la cantidad de gente que pasó por allí, la humedad, la oscuridad, el frío… Se ven incluso marcas y pintadas… Increíble. Y llegas por fín al interior del famoso Puente de los Suspiros. Suspiros que mucha gente piensa que son de amor, y nada que ver… Se llama así porque por allí pasaban los presos y desde la calle se escuchaban los lamentos y suspiros porque sabían que jamás volvería a ver la luz.

 Salimos totalmente maravillados de la visita al Palacio Ducal, es verdaderamente exquisito y de una belleza sublime.

 Después nos fuimos hacia un lateral de la Plaza de los Leones (Calle Basso) a dejar la mochila en la consigna y así poder entrar a la Basílica sin hacer cola; ya que solo iluminan la basílica de 11.30 a 12.30.

Una vez que entras a la Basílica… no hay palabras para describir lo que ven tus ojos. Es realmente maravillosa, y no puedes cerrar los ojos en ningún momento. Todo te resulta embriagador. Esos mosaicos dorados, esa luz dorada, es increíblemente bonita. Hay muchísima gente dentro, pero yo me evado del mundo, no existe nadie en ese momento, estoy yo solo, y me maravillo mirando a los pantocrátor pintados en esos tonos azules sobre dorados.

Nos dirigimos a ver la Pala d’Oro (1’50€ de “donación”), y no quiero ni pensar todo lo que debe costar… y aunque esté protegida por un cristal y mucha gente lance flashes a pesar de las prohibiciones te resulta exquisita.

 Llega un momento en el que te sientes muy muy pequeño al estar rodeado de semejante belleza.

Nos dirigimos hacia la zona de la terraza (volviendo a pagar, 6 euros en aquel momento, por el acceso al museo). Allí aparte de salir a la terraza y ver las bonitas vistas, puedes ver los caballos originales en bronce (los que hay fuera son una copia). Probablemente los caballos datan del siglo III y son obras romanas con alguna que otra connotación griega.

Otra cosa de poder subir a la zona de arriba es poder ver y admirar toda la basílica desde la zona alta, lo que te hace apreciar más aun su increíble belleza.

 

Ya era hora de bajar, no sin antes echar un último vistazo antes de que se fuera la iluminación, para dirigirnos hacia Il Campanile.

Me pareció un precio excesivo 8 euros para poder subir, así que tras volver a pagar (creo que fue el día en el que más pagamos por todo). Pero una vez que llegas arriba se pasa el mosqueillo de haber pagado.

Toda Venecia se muestra a tus pies, puedes observar la Piazza, el Ducale, la Basílica, la Isola della Giudecca, San Giorgio… Si sois un poco claustrofóbicos quizá os recomendaría no subir, ya que el ascensor lo llenan al máximo y los espacios una vez arriba son un poco reducidos.

 

Cuando bajamos, decidimos dar una vuelta por la plaza aprovechando a sacar alguna foto.

La siguiente parada era cruzar hasta San Giorgio para subir a su campanario; pero según nuestra información no abría hasta las 14.30 así que nos fuimos a Pizzería L’Angelo a comernos unos buenos trozos de pizza.

 De nuevo con el estómago lleno, nos dirigimos de nuevo hacia La piazza San Marcos para ir a la parada del vaporetto que nos llevaría a San Giorgio.

Eran como las 14.00 cuando llegamos y estaba abierto (a lo mejor ni cerraron). Tras pagar 3 euros, subimos al campanario y desde mi punto de vista, las vistas son muchísimo más espectaculares. Las vistas hacia la orilla de San Marco, hacia la laguna, hacia la Salute, son verdaderamente bonitas.

Si vais justos de tiempo y de presupuesto; yo personalmente recomiendo ir al campanario de San Giorgio. Hay menos gente (nosotros estuvimos solos un buen rato) y las vistas son muy muy bonitas.

Tras bajar del campanario y coger el vaporetto de vuelta, nuestra primera intención; tras tomar un buen par de capuccinos calientes, era visitar los barrios de San Polo y Santa Croce y a poder ser ir a ver la gran colección de arte moderno de Ca’ Pessaro, pero de camino vimos una pequeña tienda de perlitas de cristal de murano en la que el artesano estaba fabricando in situ alguna perla. Decidimos entrar a echar un vistazo que resultó ser un vistazo de casi dos horas de charlas con los dueños de la tienda, y alguna compra de alguna que otra perla artesanal. (La dirección que tengo es “Le Perle del Dogue”; CASTELLO 5468).

Ca’ Pessaro no pudo ser, (ya tengo otra excusa para volver a Venecia, tengo tantas…) y nos pusimos a correr un poco porque había alguna iglesia que quería ver.

Visitamos las Iglesia de San Polo; pero sin duda alguna, la que merece más la pena es Santa Maria Gloriosa dei Frari. Su interior es el que más nos gustó de las iglesias que visitamos en Venecia. En ella puedes ver monumentos funerarios impresionantes, y lo mejor, la que se considera la obra maestra de Tiziano (a mí me encanta) “La Asunción”. También nos gustó mucho el Coro dei Frati con unos 124 asientos esculpidos por Marco Tozzi en el cinquecento y que se conserva intacto. Mención especial también los monumentos a Cánova y Tiziano, así como los monumentos a algunos dux.

Del frari nos dirigimos a San Aponal: esta iglesia digamos que es curiosa, se supone que data más o menos del siglo XII, que fue reconstruida en el XV y ha sido molino, albergue para indigentes, prisión…
Y seguimos caminando y llegamos al Campo San Rocco y vemos la preciosa fachada de la Scuola Grande di San Rocco (muy recomendable).

 Y ahora si nos dispusimos a perdernos por los muchos rincones, esquinas y soportales de los barrios de San Polo y Santa Croce. Yo me había empeñado en buscar el Ponte delle Tete y buscándolo nos perdimos varias veces, encontrando el Ponte Storto (uno de los muchos puentes torcidos de Venecia) y tras perdernos muchas veces y pasar varias veces por él sin darnos cuenta, encontramos por fin (ya era noche cerrada) el Puente de las Tetas. Me empeñé en encontrarlo porque a mi modo de ver tiene una historia curiosa:

– La primera versión dice que esa zona de la Fondamente delle Tette, era ya una zona consagrada y permitida (por un decreto) de prostitución, y que las señoras de vida alegre, mostraban sus encantos al aire en los balcones y el puente para uso y disfrute de los señores usuarios.
– La segunda versión, que es la más aceptada por los venecianos de siempre e historiadores, es que los marineros al pasar muchos meses embarcados pues claro, como la carne es débil se entregaban unos a otros así que el dux de la época dictó un decreto que permitía que las mujeres (prostitutas o no) mostraran sus pechos para que a los hombres les volviera “la masculinidad”. También se dice, que la sodomía estaba “muy de moda” en esa época y el dux (que también se rendía a ella) quería salvaguardar la imagen de la Serenissima. Una curiosidad más: como a las mujeres no se les permitía embarcar, los marineros se llevaban al “Rechón” de a bordo (creo que la traducción en dialecto veneciano es “marica”), al que distinguían poniéndole un pendiente en la oreja, y los demás marineros… pues eso; incluso muchos de los “rechones” volvían muertos o casi muertos…

 

Seguimos callejeando; disfrutando como verdaderos venecianos, del encanto de las calles oscuras, de los soportales escondidos, del misterio de sus esquinas, hasta que dimos un poco escondido en un soportal con la trattoria “Al nono risorto” en la que reservamos para cenar al día siguiente.

 Decidimos volver paseando hasta la zona de San Marco ya que habíamos quedado para cenar con unos conocidos en los coincidíamos esa noche allí. Así que tranquilamente fuimos paseando hacia Rialto (pasando por San Giacomo di Rialto y viendo la estátua de Il Gobbo di Rialto) y llegando a un concurridísimo puente Rialto.

En lugar de seguir a la gente que se dirigía a San Marco, nosotros, nos metíamos por calles oscuras y estrechas, misteriosas y lúgubres, sintiendo esos barrios como nuestros.

 Tras una buena cena, decidimos irnos ya a descansar al hotel y recuperar fuerzas para el día siguiente…

Mágica Venecia. Primer día

Llegó el ansiado día, por fin nos íbamos a Venecia ¡! (aún a día de hoy, no soy consciente de haber estado allí…). Después de años leyendo historias sobre Venecia, viendo fotos, documentales, películas… por fin iba a verla con mis propios ojos.

La compañía con la que volamos desde Madrid, era Vueling. Bueno otra lowcost (mejor que otras desde mi punto de vista) y en poco más de dos horas ya estás divisando Venecia desde el aire.

En nuestro caso, llegamos al aeropuerto Marco Polo a las 9.10 de la mañana y nos dirigimos directamente al punto “hellovenezia” para recoger y activar los bonos que habíamos comprado previamente por internet. (No tiene pérdida está de frente justo antes de salir de la terminal).

Como os expliqué en la anterior entrada, nosotros escogimos la opción de ir en autobús hasta Piazzale Roma (la opción de llegar en lancha nos pareció muy cara para solo dos personas). Sales de frente y ya te encuentras las paradas de autobuses, cogemos el autobús nº 5 y mi estómago está lleno de mariposas… y en media hora escasa, llegamos a Piazzale Roma! Un sitio horrible lleno de coches, gente, maletas, autobuses… pero te das la vuelta… Y se abre ante ti el Gran Canal con el famoso y controvertido Ponte di Calatrava (puente que a los venecianos no les gusta demasiado porque “rompe” con la armonía de la ciudad.

No os puedo describir con palabras la emoción que sentí en ese momento, los enamorados de Venecia como yo sabrán a lo que me estoy refiriendo…

Y ahora sí, ya estamos en Venecia, así que nos vamos a coger el vaporetto para ir a nuestro hotel. Cogimos el vaporetto nº 1 que es el recorre todas las paradas del Gran Canal.

Una vez que te montas ya sabes que lo que te espera casi se escapa a la realidad. Creo que desde que llegúe hasta que me fui de Venecia mi boca estuvo siempre abierta. En el vaporetto se mezclan turistas y venecianos, maletas y carritos de bebe, conocidos y desconocidos; yo me meto entre la multitud de gente, cámara en mano para divisar los preciosos palacios venecianos que saludan al gran canal.

No sabes hacia qué lado mirar porque son todos maravillosos, tu mente se transporta a otro tiempo, a tiempos de esplendor, de bailes y grandes recepcione; mientras te maravillas con el Palazzo Foscar-Contarini, el Palazzo Balbi, el Gritti, y vemos también del otro lado el Palazzo Labia (aquel de una famosa familia catalana de la época; nuevos ricos, que para demostrar su grandeza y opulencia, servían la comida de sus fiestas en una vajilla exquisita y que después arrojaban por la ventana. Lo que sus invitados no sabían era que tenían a sirvientes en el canal esperando para recoger la vajilla).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 kak

Y el vaporetto sigue su ritmo y ahí tienes el Fondaco dei Turchi, el Ca’ Pessaro, y por fín el maravilloso Palazzo Ca d’Oro; un ejemplo maravilloso del gótico florido veneciano y sin duda, uno de mis palacios preferidos. Todos los palacios son encantadores de una u otra manera, no puedes apartar tu vista de ellos cuando de repente comienzas a divisar el espléndido Ponte Rialto y poco a poco llegas al bonito Ponte alla Accademia (precioso) y vas divisando a lejos la increíble Santa Maria della Salute mientras ves el Palazzo Barbarigo (muy muy bonito).

Y así extasiados sin saber ya dónde mirar, llegamos a nuestra parada, San Marco. Ya pensábamos que no podíamos maravillarnos más, yo incluso pensaba que ya está que ya era imposible ver cosas más bonitos… pero la aventura acababa de empezar…

      

Bajamos del vaporetto y seguimos a las hordas de gente, y de repente ves las dos columnas que dan acceso a la Piazza, y se abre ante ti el Palazzo Ducal, La impresionante Basílica de San Marcos, el orgulloso campanile y la increíble Plaza de San Marcos… No podía creer que mis ojos estuvieran captando tanta belleza, era una sensación impresionante. Sensación que yo no sabía, pero que perduraría en el tiempo.

 Tras dar una vuelta por la Plaza y pararnos a hacer infinidad de fotos, miramos el mapa intentando buscar la calle de nuestro hotel, y después de perdernos varias veces, llegamos por fin. Hacemos el check-in y disparados nos vamos ya a recorrer los rincones venecianos.

Teníamos claro que queríamos comenzar nuestra aventura recorriendo el sestiere de Dorsoduro; así que al salir del hotel callejeamos un poco por la zona de “Le Mercerie” que está muy próxima a San Marco y en la zona de nuestro hotel y nos fuimos paseando hasta Santa Maria del Giglio donde ya compramos el pase Chorus para ver las iglesias. En esta iglesia ya nos dimos cuenta que nos esperaban grandes obras de arte en Venecia ya que pudimos ver “Los Evangelistas” de Tintoretto. Al salir de esta iglesia, nos dirigimos hacia el Campo Santo Stefano (los campos venecianos, son lo que conocemos como plazas) dónde podéis ver los Palacios Loredan, Pisani o Morossini o la iglesia Santo Stefano y su famoso campanario inclinado (no es el único, creo que todos los campanarios de Venecia están inclinados).

Caminar por los barrios venecianos es una experiencia increíble, en cuanto te alejas un poco de San Marco, ya sientes la esencia Venecia y te sientes como uno más, te encuentras con la gente de barrio haciendo su vida normal, porque a pesar de lo que diga la gente, Venecia tiene vida propia.

Seguíamos paseando un poco sin rumbo, sin prisas y dejándonos llevar por el embrujo veneciano cuando de repente nos encontramos; casi sin darnos cuenta, con el precioso Ponte alla Accademia (creo que es el puente que más me gusta). El puente actual es una copia de la estructura original ya que en el periodo fascista fue destruido (el original era una estructura de hierro) y ha sido conservado así por petición popular.

No entramos a las Galerías de la Academia porque no queríamos perder mucho tiempo, y porque parte de los cuadros que más nos interesaban estaban cedidos para una exposición (si no me equivoco en Nueva York).

Llegamos al Campo San Barnabá y muy cerquita encontramos un tienda de máscaras preciosa, con un cartel en el escaparate. Es la tienda dónde confeccionaron las máscaras para la película de Kubrick “Eyes Wide Shut”.Entramos a echar un vistazo y la dependienta muy amable (como todos los venecianos, ¡Viva la amabilidad veneciana!) nos dejó probarnos alguna máscara y sacar alguna foto

Continuamos con nuestro paseo y vamos a parar al Squero di San Trovaso, donde se pueden ver los famosos talleres artesanales de reparación de góndolas (si tenéis suerte incluso podéis ver a los artesanos trabajar).

Y damos con el Ponte dei Pugni. Puente famoso por las peleas entre las bandas de los distintos barrios. Se peleaban en el puente hasta conseguir tirar al agua al adversario.

En ese momento nos dimos cuenta que queríamos ver la fachada de I Gesuati así que nos dimos media vuelta y nos fuimos a verla. Y de nuevo media vuelta, dónde por fin paramos un rato a descansar un poco en el Campo Sta. Margherita, dónde en el recomendadísimo “Pizza al Volo” pudimos comprar unos enormes trozos de pizza y un par de bebidas. Las pizzas estaban muy pero que muy buenas.  Es una opción totalmente recomendable y baratísima para poder seguir el camino sin perder mucho tiempo. En el mismo campo nos tomamos un par de capuccinos (aprovechad los bares para ir al WC o comprar la tarjeta de los lavabos públicos).

Tras el merecido descanso, nos pusimos camino a Ca Rezzonico (echando un vistazo por fuera a la Scuola Grande dei Carmini) un Palazzo convertido hoy en museo del XVIII veneciano. Visita muy recomendables si queréis haceros una idea de la vida en aquella época ya que guardan muebles, lozas, lámparas muy recargadas de cristal, cerámicas. Pero para mí la joya de la corona es la “Dama Velata”, un busto precioso de una chica aparentemente joven con el rostro tapado con un velo transparente. El autor; Antonio Corradini, consigue unos efectos en los pliegues del velo increíbles.

Interesante también la colección de pinturas costumbristas.

En la entrada del museo se conserva una auténtica góndola de aquella época.

Decidimos seguir paseando por Dorsoduro y disfrutando de muchas calles solitarios y rincones verdaderamente preciosos. Nuestra intención era llegar a Santa Maria della Salute, pero no teníamos prisa, y cuando nos dimos cuenta, estábamos frente al fantasmagórico Palazzo Dario, aquel del que cuenta la leyenda que está maldito y que todos sus dueños acaban muriendo en extrañas circunstancias.

Por fin llegamos a Santa Maria della Salute, si ya por fuera es bonita es bonita y llama la atención, por dentro aún lo es más. Su autor; Longhena (autor también de Ca’ Pessaro y Ca’ Rezzonico), revolucionó la arquitectura con esta obra de planta octogonal. Muchos son los que piensan que el hecho de que la planta sea octogonal es por motivos místicos y misteriosos.

Santa Maria della Salute tampoco se libra de tener leyendas, y es que se cuenta que en la construcción muchos niños desaparecían, se oían lamentos… incluso se dice que hoy puedes oir lamentos muchas noches si paseas por la zona.

Como todas las iglesias venecianas, en ella puedes disfrutar de obras de arte de Tiziano, Tintoretto o Palma el Joven.

Al salir de Santa Maria della Salute, podéis dirigiros a la punta della dogana; donde además de una curiosa estatua de un niño con una rana (ahora cubierta con metacrilato); podéis sentaros a disfrutar de unas maravillosas vistas hacia la Isola di San Giorgio o San Marcos.

 

Decidimos continuar nuestra particular aventura, volviendo sobre nuestros pasos hacia el sestiere de San Marco.

Tras un bonito paseo llegamos (callejeando sin parar y perdiéndonos varias veces) al Campo Manin. Un campo en este caso feo, el que menos me gustó de todos los que vi, sin ningún encanto. Pasamos por ahí para llegar a la Calle della Mandorla y encontrar la pizzería D’Angelo; donde de nuevo nos compramos unas pizzas al taglio espectaculares. Es un local pequeñito con un cartel de papel en la puerta.

Ya nos quedábamos sin luz, pero yo quería rematar el día, y aprovechando que estábamos por la zona, nos fuimos a la búsqueda del Palazzo Contarini del Bovolo. Un encantador Palazzo, famoso por su escalera de caracol (de ahí lo de Bovolo) que se encontraba en reformas y cerrado al público, pero eso no impide que puedas verlo por fuera y disfrutar de lo bonito que es.

 

Estaba anocheciendo, lo que le da un toque aun más especial a Venecia. Si de día Venecia te enamora, de noche te atrapa.

Seguimos paseando tranquilamente hasta el Campo San Lucca para llegar al Ponte Rialto, punto de encuentro de los miles de turistas que visitan esta increíble ciudad.

Al caer la noche, el Gran Canal se viste de gala y luce su mejor cara iluminada creando unos reflejos en el canal verdaderamente espectaculares.

 Ya se iba haciendo tarde y el cansancio ya hacia mella en nosotros, pero no queríamos irnos a descansar sin ver la Piazza San Marco en su ambiente nocturno, así que aprovechando que el hotel estaba cerca nos fuimos hacia allí.

Y de noche nuevamente, la Piazza es otra, estaba solitaria, casi para nosotros. Verdaderamente deliciosa.

Fuimos hacia el Ponte della Paglia para contemplar horrorizados con el Ponte dei Sospiri (famosísimo Puente de los Suspiros) está prácticamente tapado por obras de restauración, y para sufragar estas obras, está lleno de publicidad de una conocida marca de joyería.

 Y ahora si que nos fuimos de retirada al hotel a descansar que al día siguiente nos esperaba otro día intenso en la Mágica Venecia.

Mágica Venecia

 

Comenzamos la primera etapa viajera con la mágica y misteriosa ciudad de los canales. Una visita de tan solo 3 días y medio pero que me bastó para enamorarme por completo de esta bella ciudad única en el mundo.

¿Qué tal si hacemos un pequeño apunte histórico sobre Venecia para ir metiéndonos en materia?

Venecia la forman 120 islas que se unen entre sí por 455 puentes (sí, sí, 455) y se divide por 117 ríos y canales…

La verdadera colonización de Venecia, fue en el siglo V cuando muchos habitantes de tierra, se trasladaron para evitar las invasiones de los bárbaros.

Tras muchas luchas en invasiones; en el año 828, los venecianos robaron a Alejandría el cuerpo de San Marcos al que inmediatamente nombraron patrón de la ciudad.

Tras celebrar las bodas de Venecia y el mar en el año mil para conmemorar la victoria a los piratas eslavos, Venecia iba aumentando su supremacía y su poder.

Pero en 1453 Constantinopla cae en manos turcas y los venecianos pierden muchísimo poder, además al descubrirse América en 1492 abriéndose así nuevas rutas comerciales, Venecia ya no tiene el monopolio comercial

Ya en siglos posteriores, y tras las alianzas de Portugal y España, el auge de Génova y varias derrotas ante los turcos, terminan por debilitar por completo a Venecia, que en 1866 tras 3 guerras de independencia y haber sido entregada por Napoleón al Imperio Austro-Húngaro pasa a formar parte del Reino de Italia.

Y por si alguno quiere interesarse un poco  más, aquí os dejo el enlace de Wikipedia con su artículo sobre Venecia: http://es.wikipedia.org/wiki/Venecia

Antes de relataros mi experiencia veneciana, tengo que deciros que este viaje siempre será muy especial, por muchos motivos, pero sobre todo porque Venecia me ha impactado de una manera que a veces pienso que es exagerada. Menos mal que he ido conociendo personas que han tenido la misma sensación que yo.

Surgió un poco por casualidad, buscando destinos “baratos” íbamos a ir Londres, pero cuando empezamos a comprar los billetes, nos daba error. Así que nos pusimos a probar con otros destinos… y porqué no Venecia ¿?? A mí ya se me iluminaban los ojos… Venecia, un sueño, la ciudad mágica surgida de las aguas…

Y así fue… Tras comprar los billetes… redescubrí la página de la que os hablé anteriormente, www.losviajeros.com y de ahí me empapé de todo lo necesario para la escapada veneciana y empecé a participar activamente en los hilos del foro.

El hotel escogido fue el pequeño hotel Ca’ del Nobile; no es económico (es difícil encontrar algo asequible y bueno en Venecia) pero está muy bien ubicado en el sestiere de San Marco pero alejado del bullicio. Se encuentra en un viejo edificio reformado con mucho gusto y la amabilidad de los dueños es exquisita. Estaba incluído un desayuno buffet bastante variado. Nosotros reservamos a través de la propia web del hotel www.cadelnobile.com.

Más adelante y gracias a la información sacada del foro, nos enteramos de algo muy pero que muy interesante (que detallaré en la etapa correspondiente), se trata de “Los itinerarios secretos del Palacio Ducal”. Se trata de una visita guiada por zonas “Ocultas” del Palazzo Ducale, que en la visita normal no puedes acceder. Es totalmente recomendable hacerla, si hay que ponerle una pega es que solo tienes visita en italiano, inglés y francés. Nosotros la hicimos en italiano; mi pareja no habla nada de italiano y entendió la gran mayoría porque los guías son muy amables y se hacen entender bastante bien. Podéis reservar la visita aquí 0039 041 520 9070 (te atienden también en español; pero también podéis reservar la visita por internet http://www.vivaticket.it/evento.php?id_evento=409825&idt=566&op=museiCivici).

Nos hicimos también con los bonos de vaporetto (realmente caros, es cierto) en la página www.veniceconnected.com ; tienes bonos de 12, 24, 48… pero bueno merece la pena, y para mí el paseo por el Gran Canal es una de las cosas imprescindibles. En la página www.hellovenezia.com también encontraréis información.

Por otro lado hablaros también de la Chorus Pass (la compras en la primera iglesia que entras) es una tarjeta que te permite entrar a las iglesias de Venecia sin pagar en cada una de ellas; cuesta 10 euros si no recuerdo mal, y a la tercera iglesia que veas (son todas muy muy bonitas) ya la amortizas. (Si ya se… ¿pagar por una iglesia? Pero si quieres verlas tienes que morir al palo). En www.chorusvenezia.org tenéis toda la información que necesitéis

Tenéis otro tipo de tarjetas (la de museos que yo no utilicé…); en esta página www.museiciviciveneziani.it podréis encontrar toda la información.

Y para los que se decidan por ir en carnaval, les será de utilidad está página www.carnevalevenezia.com

Si llegáis al aeropuerto Marco Polo, una forma muy efectiva y sencilla de llegar a Venecia es con el autobús n.5 (se coge según sales del aeropuerto) y en media hora escasa te plantas en Piazzale Roma (al llevar los bonos de transporte te viene incluído; pero vamos es bastante económico). Otra forma de llegar es con Alilaguna, un taxi que es una lancha…

Bueno y ahora sí creo que podemos empezar nuestro viaje a Venecia… !allá vamos!.