San Francisco: la libertad hecha ciudad.

Con el alucine de las Sequoias nos metimos en el coche y nos pusimos rápidamente rumbo a San Francisco, a ver si con suerte llegábamos con tiempo de ver algo con el coche antes de entregarlo.

Fue un camino cómodo y tranquilo. Pasamos por Oakhurst, Planada, o Merced… Y aunque teníamos bastante gasolina y teníamos que entregar el depósito lo más vacío posible, a medio camino le eché 10 dólares jajaja por si acaso, que ya habíamos aprendido la lección y no quería volver a pasar el mal trago…

Cuando estábamos cerca de San Francisco, se empezaron a formar retenciones bastante considerables, y más aún cuando llegamos al peaje del Bay Bridge, allí estuvimos casi parados una media hora, avanzando muy lentamente… pero fue gracioso porque en el carril de al lado iba una enormísima chica de color hablando por el móvil y gritando improperios sin parar gesticulando un montón. Así que eso hizo que llegásemos a la hora prevista; con tiempo para entregar el coche sin retrasos pero sin tiempo para apenas nada más…

Iba a escribir aquí un poco de la historia de la ciudad, pero no quiero repetirme ni que resulte aburrido, así que os dejo el enlace de la bendita wikipedia por si os apetece echarle un ojo.

http://es.wikipedia.org/wiki/San_Francisco_(California)

PRIMERA TARDE

Cruzamos el Bay Bridge alucinando… estábamos en San Francisco y ya nos parecía precioso ¡!. Las vistas desde este puente son verdaderamente impresionantes.

Tras pasar el Bay Bridge, entramos en San Francisco y Kimberly nos lleva por todo el embarcadero y vemos la Coit Tower dominando el panorama, divisamos el Skyline del centro… y decimos los dos: oye pero que bonita es la ciudad no?, y disfrutando de lo que estábamos viendo desde el coche, llegamos al hotel. El hotel San Remo, en la zona de North Beach.

Íbamos con un poco de miedo respecto al hotel, ya que los baños eran compartidos… y nunca habíamos cogido un hotel con baño compartido, pero me animé con los comentarios de personas de confianza del foro y de Tripadvisor, además en la guía trotamundos lo ponían también por las nubes. Y tengo que decir, que no tenemos queja alguna. Al contrario: la zona es inmejorable, super bonita, tranquila, bastante cerca de Fisherman, de la Coit y no demasiado alejada del centro. El tema del baño, nosotros lo teníamos muy cerca de la habitación a dos puertas, y lo limpiaban 2 o 3 veces al día… no tuvimos que esperar nunca para utilizarlo. El personal de recepción más amable imposible. Os aseguro que si vuelvo a SFO volveré a este hotel. (Más que nada porque los demás que estuve mirando eran carísimos ¡!!!).

Dejamos las maletas en la habitación sacamos algunas cosas y nos fuimos ya a entregar el coche en la calle O’Farrel. Hasta ahora, desde el Bay Bridge al hotel por el embarcadero, todo había sido llano… Pongo la dirección en el GPS, la localiza sin problema. Meto la directa, y al poco rato no es que flipe en colores fluorescentes y luminiscentes, alucinaba en arco iris jajajaa DIOS SANTO PERO QUE CUESTAS ¡!!! TENGO QUE IR POR AHÍ ¿??????? De verdad que al principio impresiona muchísimo ¡! pero la verdad es que es muy emocionante conducir por ahí ¡! Eso si… yo no sé que hubiese sido de mi si el coche no hubiera sido automático… Pero me imaginaba mi coche dando saltos como en las películas de persecuciones ¡!.

Llegamos sin problema y dejamos el coche, nos lo revisan, todo OK (a pesar de una especie de arañazo que yo creo que hicimos, pero no lo vieron).

Hacía una tarde estupenda, fresca pero soleada… hacía un poquito de frío… Ese era el último día que casi veríamos el sol jajajaja.

Esa tarde en principio la íbamos a dedicar a la zona de North Beach, pero al final como estábamos cerca de Union Square y esa zona; nos fuimos hacia allí paseando y disfrutando de esta ciudad que ya nos parecía maravillosa.

En Union, entramos en la tienda de Levis a echar un ojo pero esta vez no nos compramos nada jajajaj ( me resistí a comprar más cosas… a pesar de lo que siempre digo… nunca se tienen suficientes vaqueros… ni suficientes calzoncillos) y paseando llegamos hasta Powel donde estuvimos viendo el cambio manual del cable bar, curioso ver como en el siglo XXI conservan este tipo de cambio manual (de ahí el encanto de San Francisco).

Decidimos perdernos por Chinatown. No conozco el Chinatown de NYC (aún…), sólo conozco el de Londres. Y os aseguro que el de San Francisco, nos encantó y nos pareció súper auténtico; al menos, le da mil vueltas al de Londres.  Íbamos entrando en las tiendas y bazares, yo miraba objetivos de las cámaras y me reía de cómo algunos comerciantes te intentaban timar. Según he leído en varias publicaciones, el Chinatown de San Francisco es el más “auténtico” de todos.

Además desde Chinatown tenéis unas vistas a Transamerican Piramid… Un edificio que a mí, me enamoró… no se la cantidad de fotos que tengo de ese edificio…

Salimos de Chinatown y bajamos a ver de cerca la pirámide… que chulada…

Además los edificios de alrededor, algunos son realmente preciosos.

Poco a poco la luz comenzaba a caer así que nos fuimos dando un largo paseo hasta North Beach para llegar ranquilamente por la zona del hotel. Os aseguro que es un barrio precioso, con las típicas casitas que tantas veces hemos visto… Un barrio que también se conoce como el barrio italiano por sus trattorias y porque realmente se respira cierto aire italiano por sus calles (salvando las distancias evidentemente).

Y nos fuimos a la Coit Tower. En la guía, ponía que cerraba a las 6 pero… BENDITO FORO DE NUEVO ¡! Así que llegamos allí, y subimos. No recuerdo lo que pagamos (7 dólares cada uno puede ser??)  pero me pareció un poco excesivo. Eso si… las vistas desde allí, al atardecer son… preciosas. Tuvimos mucha suerte porque había una luz preciosa. Y a pesar de que los ventanucos tienen cristales (por cierto… que ya podrían pasarles un trapico o que?) pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas del Skyline, de Alcatraz… Creo que no vimos el Golden Gate tan bien como ese día jajajaja. Aquí pude hacer algunas de mis fotos preferidas del viaje… la foto de la silueta a contraluz, sin duda es una de mis fotos preferidas.

A pesar de que sea un poco caro, os lo aconsejo totalmente porque las vistas del Skyline son una pasada. De todas formas si no queréis subir, podéis hacer fotos muy bonitas también desde abajo.

Cuando bajamos estuvimos un rato en el mirador que hay a los pies de la torre, desde donde el último día hicimos unas fotos preciosas del Skyline de San Francisco e hicimos unas cuantas más con el Golden Gate al fondo.

Y ya nos fuimos paseando muy contentos hasta el hotel. Íbamos maravillados diciendo que no nos importaría vivir en una de esas bonitas casas. Eso sí… un frío de coj… pero frío de final de otoño… Mucha humedad, brisa… y eso que estábamos en julio ¡!!!

Esa noche cenamos en un Lory’s Dinner para aprovechar el descuento del 20% que me imprimí de su web.  Claro que con la emoción decidimos ir andando, sin acordarnos que estábamos en la ciudad de las cuestas… que cansancio leches ¡!!

Y después de cenar, nos fuimos agotados a la cama. De nuevo feliz; muy feliz me dormí pensando en lo maravilloso que estaba viviendo y en lo afortunado que era.

Eran tantas las sensaciones, que me resulta (aún hoy a pesar de que hayan pasado 6 meses desde que he regresado…) muy complicado describirlo; sigo sin creerme el haber estado allí…

PRIMER DIA

 Como era costumbre, nos levantamos temprano. Ese día teníamos contratada la visita a Alcatraz para primera hora. Miro por la ventana y lo veo todo nublado… como me j… el mal tiempo en vacaciones… pero en fin que le vamos a hacer… Y cuando salimos a la calle… hola???? Pero y este frío??? , pero que barbaridad ¡!! Y con bruma!! En fin, que al mal tiempo buena cara!! Eso si, buena cara pero con un frío de narices. Empecé a entender porqué Mark Twain decía que el invierno más frío de su vida fue un verano en San Francisco…

Nos fuimos al Pier 33 desde donde salen los Ferrys de Alcatraz Cruises (nosotros habíamos comprado las entradas con antelación, como casi todo el mundo, porque si no resulta complicado encontrar hueco). Nos pusimos a la cola para recoger las entradas y mientras esperábamos la hora para coger el ferry nos metimos a tomar algo calentito (que bien entraba con ese frío ¡!) y un bollo; porque ya no era solo el frío sino la llovizna fina que caía a esas horas que hacía que no pudieses sacarte el frío del cuerpo.

El viaje hasta Alcatraz es corto (10-15 minutos) y aún con la niebla que había y la llovizna, las vistas de la ciudad, el golden gate son preciosas ¡! (A pesar de que el puente apenas se vea jajaja). Esa niebla le da un aire un tanto espectral y característico de esta ciudad.

Me fastidió mucho que no hiciera un día algo más despejado para sacar mejores fotos pero bueno… como he dicho, es otra manera de ver la ciudad.

Cuando te vas acercando a La Roca… que sensación, ese peñón en medio de la Bahía… lo has visto en tantas pelis y fotos que no te crees que estés ahí…

Cuando bajas del ferry puedes recorrer un poco la zona por libre antes de acercarte al interior y recoger la audioguía para empezar el tour.

Tras su cierre en 1907 como fuerte militar, Alcatraz comenzó a recibir a recibir prisioneros (opositores de conciencia de la I Guerra Mundial) y en 1934, Alcatraz volvió a abrirse como lo que ahora conocemos: La Prisión de Alcatraz, albergando a prisioneros como Al”Scarface” Capone, “Doc” Barker o Robert Stroud “el hombre pájaro”.

Hubo 14 intentos de fuga, de los que hoy en día 3 presos siguen en busca y captura (la creencia mayoritaria es que murieron ahogados en las gélidas aguas antes de llegar a tierra).

El aumento de los costes de mantenimiento, hizo que en 1963 Alcatraz cerrase sus puertas.

La audioguía es fabulosa, no tiene nada que ver con otras, aburridas e infumables (aún recuerdo la de la Catedral de San Pablo en Londres, un horror!!).

Un antiguo prisionero te va contando la historia de La Roca mientras recorres las distintas dependencias de la misma, y escuchas por lo que escuchaban los prisioneros nada más llegar:

“Usted tiene derecho a recibir comida, ropa, albergue y atención médica. Cualquier otra cosa que reciba es un privilegio”.

Entras en las celdas, y os puedo asegurar que llegas a sentir verdadera angustia, en la zona de aislamiento por ejemplo.

Desde la zona exterior de la cárcel se tienen unas vistas maravillosas de todo San Francisco. Claro no es de extrañar, que para los prisioneros fuese un verdadero castigo pasear por el patio y ver que tenían San Francisco tan cerca pero tan lejos al mismo tiempo…

Nos encantó la visita, uno de los mejores recuerdos del viaje sin duda.

Cuando terminas la visita, puedes visitar la zona un poco por libre sin ningún problema y esperas a coger el ferry que te lleva de vuelta, de nuevo disfrutando de las maravillosas y nubladas vistas de la bahía de San Francisco y su famosísimo puente cubierto por la niebla…

Al salir, fuimos paseando por el embarcadero y nos dirigimos al Pier 39. Que a pesar de ser  las 11.30 estaba animadísimo, y estuvimos perdidos por esa zona un buen rato, visitando las tiendas y restaurantes. A pesar de ser muy pero que muy turístico y estar atestado de gente es una zona muy bonita que nos gustó muchísimo (un poco cara eso sí…).

Nos acercamos a ver los leones marinos y chasco… solo había 2!!!! Jajajaa no sé si por el tiempo o qué pero solo había dos… muy majicos si, pero solo dos jajajaa. Que además poco se movían… nada que ver con otras fotos que había visto de las plataformas de madera llenas de estos simpáticos animales.

Seguimos paseando por toda esa zona desde el pier 39 hasta Fisherman Wharf, otra parada obligatoria y muy bonita, con lo puestos de marisco y la gente entrando y saliendo sin parar; además pude hacer alguna que otra foto del puente.

Nos metimos a comer unas hamburguesas en In&Out; y a pesar de ser un restaurante de comida rápida, las hamburguesas os aseguro que estaban EXQUISITAS.

Cuando terminamos de comer nos fuimos a la calle Jefferson, a un supermercado que hay allí a comprar el Muni Pass de 3 días (21$ por persona) y allí mismo nos cogimos el tram F hasta Castro. El funcionamiento del Muni es sencillo: rascas los días que corresponda manualmente y lo enseñar al conductor y/o revisor cuando corresponda. No os la juguéis porque a nosotros siempre nos pidieron el pase, no creo que merezca pasar un mal rato tan lejos de ti casa por ahorrarte 21$…

Había escuchado a varios amigos hablarme de Castro, incluso había leído cosas sobre el tema, el movimiento de lucha por los derechos homosexuales, pero no sabía que era un barrio tan bonito.

Castro se hizo más popular en la década de los 60 en el llamado “verano del amor”.

En 1975 Harvey Milk abrió un negocio en la zona y se fue involucrando poco a poco pero a paso a firme en el movimiento de lucha por los derechos LGTB hasta que llegó a ser Concejal de San Francisco y un activista reconocido para los derechos de la comunidad gay.

Hoy en día es un barrio donde se concentra gran parte de la actividad “gay” de la ciudad y en el que te sientes libre completamente.

Nos dedicamos solamente a pasear un poco sin rumbo viendo a la gente, las casas, las tiendas y cafés, y por supuesto las banderas colgadas en todas las casas, tiendas, etc. Me encantó ver la naturalidad de las cosas, como por ejemplo ver un sex – shop en el que entra gente sin avergonzarse …De verdad que viendo la naturalidad con la que vive la gente en San Francisco te das cuenta de los pasos mentales que aún nos quedan por dar aquí respecto a ese tema…

Al parecer últimamente hay un poco de controversia y algún “enfrentamiento” entre gays y heterosexuales debido a que estos últimos entran en masa al barrio y acusan a los gays de discriminación.

Sea como sea, es un punto de la ciudad totalmente recomendable para pasear sin rumbo o tomarse un café tranquilamente en alguna de sus cafeterías.

Seguimos paseando hasta que llegamos a Mission Dolores, y bueno, a mí la verdad que ni frío ni calor. No nos gustó mucho la verdad, , de hecho esa zona a pesar de estar al lado de Castro, no tiene nada que ver, y nos pareció una zona un tanto cutre.

Volvimos a Castro y seguimos paseando y mirando casitas, escaparates… Es un barrio muy acogedor, sin aglomeraciones de gente ni de tráfico.

Y de ahí seguimos pateando, con un dolor de pies que para qué ¡!! Y subiendo unas cuestas… otra cosa no… pero el culo se nos pondría como una piedra jajajajaja. Y llegamos a un sitio encantador y que habréis visto millones de veces: las famosísimas Painted Ladies en Alamo Square.

Es un punto realmente bonito, un parque muy tranquilo con muchísima gente disfrutando con sus perros, leyendo, o simplemente sentados sin hacer nada; pero sobre todo la vista de las casitas de colores con el fondo del skyline de la ciudad no tiene precio.

Después de estar un buen rato haciendo fotos, intentando que quedara alguna decente; porque el día seguía cubierto, decidimos que aunque estábamos cansados nos iríamos andando, paseando por San Francisco.

Así que seguimos paseando y llegamos a la zona del City Hall. El edificio nos gustó mucho, y la zona en la que está también una plaza enorme cuadrada, abierta. Al lado del City Hall podéis ver también el edificio de la Ópera.

Seguimos caminando, (y tomando mientras tanto algo caliente… en pleno julio ¡!) hasta que llegamos a la zona de Powell con Market (que panzada de caminar jajajaj) y vimos de nuevo el cambio manual del Cable Bar, que ya os digo que es todo un show, la gente aplaude y todo ¡! Y nos metimos a dar una vuelta por las tiendas, mirando precios y escaparates.

Entramos en la tienda Apple donde estuvimos toqueteando un poco los ipad pero nada… por mucho que puse cara de gatito de Shreck; no pude comprarme uno…

Entramos en la tienda Adidas, pero nada oye… mira que es difícil encontrar tallas en USA ¡!! La talla S que es la que nos servía apenas había… así que me quedé sin una camiseta muy chula que vimos…

Estuvimos un rato parados por esa zona, simplemente viendo a la gente pasar, o chillar como este otro jajaja.

Nos fuimos ya hacia la zona del hotel y como estábamos cansadísimos, nos llevamos algo de cena a la habitación y cenamos allí unos nachos buenísimos y muuuuuuuuy pìcantes y unos tacos deliciosos… y ahora si; enamoradísimos de San Francisco nos metimos en la cama pensando que mañana más y mejor.

SEGUNDO DIA

 Me Despierto y lo primero que hago es mirar por la ventana… sigue cubierto… en fin que le vamos a hacer… el sol no quería salir con nosotros de paseo.

Decidimos comenzar con un desayuno a lo grande; era temprano relativamente así que nos vamos a Washington Square. Pasamos por el parque y lo bordeamos mientras vemos que el parque está tomado por orientales que hacen Taichi o Yoga, algo muy común para ellos.

Y nos dirigimos a Mama’s (en una esquina). Había una cola bastante considerable pero aún así decidimos esperar, tanto en el foro como en diversas páginas de internet y varias guías hablan de Mama’s como el mejor sitio de San Francisco para desayunar.

Esperamos como unos 45 minutos en la calle… más vale que mereciese la pena ¡!! Y vaya si la mereció… que cosa más buena ¡!! No sé si el mejor desayuno o no de San Francisco pero os aseguro que si que fue el mejor desayuno que yo me he metido entre pecho y espalda. Las tortitas eran maravillosas, riquísimas ¡!! Así creo que venir a San Francisco y no desayunar en Mama’s debería considerarse pecado mortal.

Cuando terminamos de desayunar, (ufff no nos podíamos ni mover ¡!) cogimos el tranvía para ir a ver la Grace Cathedral pero un poco antes de llegar (justo en la parade del Cable Bar Museum) se paró, se quedó como… atascado. Y había que esperar a que viniese una especie de grúa a empujarlo; si si, todo un espectáculo. Así que decidimos pararnos allí y seguir caminando.

La Catedral es muy muy bonita, digna de ver. Nada que ver por ejemplo con la de Moneo en Los Angeles.

 

Digamos que esto es una catedral tal y como conocemos nosotros las catedrales

Las puertas de bronce son a imagen y semejanza de los moldes de Ghiberti para el Baptisterio de Florencia, y es un claro ejemplo del neogótico americano. Se terminó de construir en 1964.

Me llamó la atención el laberinto central, incluso había un hombre recorriéndolo. Me pareció un sitio muy tranquilo, no había apenas visitantes. Una visita totalmente recomendable de la llamada Notre Dame de San Francisco, además la entrada es totalmente gratuíta.

Al salir nos fuimos de nuevo a coger el tranvía hasta Powell y una vez allí tras entrar a comprar algo calentito para la pobre garganta de Alberto nos dirigimos andando al Distrito Financiero; destino: Yerbabuena Gardens.

Me pareció un sitio increíble, es muy muy bonito: Me encantó el edificio del Museo de Arte Moderno, las cascadas, el parque en medio de esos altos edificios… es como estar fuera de la ciudad pero rodeado de ella.

Estuvimos sentados allí un buen rato disfrutando del ir y venir de la gente y relajándonos un poquito.

Salimos de allí pasando por el parque y llegando al Museo Judío y nos paseando tranquilamente a coger el tranvía hasta el Pier 39. Nos íbamos al Golden Gate… Pero antes pasamos a ver si teníamos más suerte y veíamos más leones marinos, había pocos pero al menos había más de uno jajaja.

Estuvimos pensando mucho si alquilar las bicis o no, pero de repente parecía que el tiempo daba una pequeña tregua, salía el sol ¡!!! Uy anda si se ve un poco de azul en el cielo ¡! Jajajaja así que fuimos rápido a por las bicis.

Las alquilamos por 2 horas, porque nuestra intención solo era llegar al puente y cruzarlo, sin llegar a Saulito.

Os dejo el recorrido que hicimos… Es asequible, pero claro no contábamos con las cuestas jajajaja y claro, eso sí que cuesta un poquito.

Pero según nos íbamos acercando al puente, más frío, más niebla, más todo ¡!! Joerrrrrrrrrrrr

Bueno también tiene su encanto verlo con niebla… (claro jajajaja que remedio me quedaba que pensar eso jajajaja).

Tengo que decir que fue un paseo muy bonito, parando en alguna playa a hacer fotos… Es que me encanta este puente ¡! Creo que es uno de los iconos de EEUU.

Llegamos al puente y no se veía casi nada… hacía un frío terrible y muchísimo aire, además de la cantidad de gente, carritos de niño, bicis, perros… así que no llegamos a cruzarlo entero… pero bueno objetivo cumplido ¡!

Así que dimos la vuelta por donde habíamos ido y nos fuimos a devolver las bicicletas. Dos horas completas estuvimos y tengo un recuerdo muy bueno de este agradable paseo en bici. A la vuelta estaba despejado, pero la zona de San Francisco, el puente ya ni siquiera se veía nada y parecía que se acercaba una gran tormenta… así que en el fondo podemos decir que tuvimos suerte.

Comimos por la zona de Fisherman Wharf, era ya tarde para comer la verdad pero el paseo en bici nos había abierto el apetito, donde vimos un pantalón corto como este… no podía parar de reirme…

Después de comer subimos a visitar la Ghiradelli Square, donde compramos chocolatinas (por cierto, deliciosas) en una de sus tiendas y visitamos la plaza. Es realmente bonita y tranquila, y con unas vista preciosas.

Y nos quedaba por ver algo mítico que no podíamos dejar de ver: Lombard Street.

Fuimos caminando hasta llegar a la parte de arriba y la verdad es que es gracioso ver como bajan los coches haciendo eses.

 

Además, hay casas bien bonitas allí. Bajamos para hacer las típicas fotos desde abajo… y allí, como 140000 turistas más haciendo fotos nos plantábamos como bobos en medio de la carretera, y viendo como algún que otro turista se jugaba el cuello cruzando sin mirar.

Nos volvimos de nuevo a la calle Market y de nuevo estuvimos mirando tiendas y paseando tranquilamente por allí.

 

Nos fuimos a cenar a la zona del hotel a un bar muy tranquilo, un sándwich y una sopa caliente, y luego fuimos a la Coit Tower trípode en mano a ver si podíamos hacer alguna foto nocturna…. Pero había tal niebla que la más decente que me quedó fue esta… imaginaros las demás… Desde fuera de la torre las vistas al Skyline son preciosas… así que no dudéis en acercaros.

Y ya era tarde y hacía mucho frío… nos fuimos al hotel, yo muy triste la verdad. Esto se terminaba, era nuestra última noche en San Francisco… pero bueno nada de penas ¡! Mañana aun teníamos mucho tiempo en esta preciosa ciudad y había que aprovecharlo; además después nos quedada un plato fuerte ¡!

 TERCER DIA

Nos despertamos un poco más tarde que los días anteriores. El día seguía cubierto…

Un poco perezosos y con muchísima pena, fuimos haciendo las maletas y recogiendo las cosas para dejarlas en recepción.

Hicimos el recorrido para ir a ver dónde coger el Bart para irnos después al aeropuerto  y luego nos fuimos al centro a desayunar. Entramos en un Starbucks y después fuimos a la tienda Disney del centro… y vimos la ceremonia que hacen de apertura de la tienda. Cuando abren la tienda, el primer niño que hay en la cola es el encargado de abrir el reino mágico con una llave gigante… imaginaós la emoción de la niña… bueno que narices, y la mía ¡! Las cintas caen al suelo, todos aplaudimos y a la niña le entregan una llave pequeñita. Me pareció una cosa muy bonita y original y para un fan de Disney como yo pues más aun ¡!.

Cogimos el Bus nº 5 que nos llevó hasta Golden Gate Park. El día seguía muy nublado y con muchísimo frío, pero aún así dimos una vuelta por el parque, que me pareció precioso. Abierto, cuidado y muy bonito.

Entramos en el Japanese Tea Garden. Había leído de todo, que si era un fiasco, que si no, que si era caro, que si era bonito…

Pues bien es caro; si (7 $ por persona) pero es un sitio precioso, silencioso, muy cuidado.

Estuvimos un buen rato paseando por allí (es muy pequeño). Nos gustó mucho, además la neblina le dio un toque especial. Y no había mucha gente así que pude hacer fotos a mis anchas.

Cuando salimos recorrimos un poco más del parque y nos cogimos el autobús de vuelta y después un trolebús hasta Fisherman, y estuvimos paseando sin rumbo por esta bonita zona, disfrutando del ambiente y entrando en las tiendas tranquilamente.

Cuando se acercó la hora de comer, volvimos al centro y entramos en un Jack in the Box a comer las últimas hamburguesas americanas del viaje… se acercaba la hora…

Decidimos que la mejor forma de despedirnos de San Francisco era con unas buenas vistas, así que como el día se había despejado (ahora que nos íbamos…) nos fuimos a la Coit Tower, que como os dije, las vistas desde abajo son espectaculares… Estuvimos sentados tranquilamente y haciéndonos fotos… y creo que con estas fotos… no puede haber mejor manera que despedirnos de San Francisco; una ciudad que nos ha enamorado, una ciudad bella y libre. Una ciudad que por muchas razones se ha hecho un huequecito en mi corazón.

Una ciudad que creo que no tiene nada que ver con el resto de ciudades americanas, donde la gente pasea tranquilamente por sus calles, y donde muchos ciudadanos vieron reconocidos unos derechos que aun tardarán muchos años en reconocerse en el resto de estados y en el resto del mundo.

Volvimos al hotel a recoger nuestras cosas… y nos fuimos a coger el BART (8’10 $ por persona) que nos llevaría al aeropuerto en 40 minutos…

Nuestro vuelo salió con una hora de retraso por inclemencias metereológicas al parecer, pero me despedí con un….

Hasta pronto San Francisco ¡!!! (Me he quedado totalmente enganchado de esta ciudad).

Yosemite: un enclave de ensueño.


 El despertador sonó temprano de nuevo. Esa noche habíamos dormido profundamente (que cómodas son las camas por las Américas¡!); además nos habíamos acostado más temprano que de costumbre…

Al lado del hotel había una pequeña cafetería así que nos fuimos a comprar dos capuccinos y dos bollos para llevar y nos fuimos a echar gasolina, que aunque teníamos el depósito casi lleno… ya sabéis, por si acaso.

Y ahora sí, nos íbamos camino del maravilloso Parque Nacional de Yosemite entrando por su entrada más espectacular: el Tioga Pass (importante mirad la página de aperturas porque suele estar cerrado por nieve entre noviembre y junio, más o menos dependiendo del año; en 2011 abrió casi a finales de junio).

Nada más entrar por la Tioga Road te trasladas a un mundo de ensueño con paisajes increíbles, lagos espejo, bosques espectaculares, montañas increíbles… Una parada imprescindible en un viaje por la Costa Oeste.

Hay varios puntos de interés en toda la carretera, y paréis donde paréis tendréis unas vistas increíbles; además deciros que en todas las entradas de los parques nacionales os darán unas guías en español con información del parque.

La primera para “larga” la hicimos en “Toulomme Meadows” donde hicimos una pequeña ruta a pié (de unos 10-15 minutos) por un sendero hasta llegar a unas praderas preciosas donde pudimos ver de lejos a una familia de ciervos o a una marmota.

Continuamos por la Tioga Road hasta llegar al Tenaya Lake. Maravilloso, estábamos solos y solo escuchábamos el ruido del agua al chocar con las rocas de la orilla. Un sitio precioso donde puedes tirar miles y miles de fotos a cada cual más bonita.

El siguiente punto de interés es Olmstead Point, un mirador con unas vistas que te quitan la respiración… Allí sí que nos encontramos con mucha gente, sobre todo gente mayor que bajaba de unos autocares. Las vistas son de película…

Decidimos cruzar la carretera y subirnos a un risco (es una subida relativamente sencilla, quizá no apta para gente con mucho vértigo), y cuando llegas arriba y ves todo lo que tienes ante ti, lo único que logras decir es: Wow…

Estuvimos un buen rato por allí, descansando, disfrutando, relajándonos… que maravilla de verdad.

Continuamos nuestro camino por carretera, parando en sitios como el increíble Siesta Lake. Un sitio solitario y silencioso (de nuevo solo estábamos nosotros).

Seguimos por la increíble carretera hasta llegar a un espectacular mirador… ahora sí que había gente y multitud de coches aparcados en el arcén. Lógico, porque de verdad que es uno de los miradores más bonitos que podáis ver (realmente no es un mirador al uso). Impresionante. Yo pensaba que aunque no viese nada más de Yosemite ya solamente por lo que había visto hasta ese momento ya había merecido la pena el viaje.

Estábamos casi llegando ya al valle y ya empezamos a notar la aglomeración de coches (una locura de coches la verdad) pero es tan increíble el valle que no le das importancia a la lentitud del tráfico.

Fuimos hacia el aparcamiento de Bridevail Falls y tuvimos que dar varias vueltas para aparcar.

En 2011 el deshielo había sido más tardío que otros años así que ese año las cascadas aún llevaban muchísima agua en julio y pudimos verlas en todo su esplendor. Que queréis que os diga, sencillamente espectacular.

Complicado hacerle fotos de cerca porque el agua caía con tanta fuerza que te empapabas si te acercabas mucho. La zona de abajo de la cascada es igualmente preciosa.

Volvimos al coche, pasamos por Swining Bridge (un atasco monumental; pero en fin, con paciencia…) y llegamos a las praderas desde las que se ven las Yosemite Falls. Qué bonito todo ¡!!.

Nuestro alojamiento eran las tiendas de lona del Curry Village. Lo escogimos porque queríamos dormir dentro del valle, y al ser verano y fin de semana, todo era caro no, lo siguiente. Así que optamos por estas tiendas de lona (y aún así fueron 90 euros la noche).  Hicimos el check-in sin problema y rápidamente. Y nos dieron advertencias sobre los osos. Importante que no dejéis absolutamente nada en el coche que tenga olor o sabor, porque todos los años hay noticias de ataques de osos.

En el exterior de la tienda tenéis una especie de caja fuerte donde dejar todo lo que sea comida, champús, pasta de dientes, colonias etc. Y es muy importante que sigáis estas recomendaciones.

La tienda mucho mejor de lo que esperábamos, amplia y para ser lo que era muy cómoda. Hay varios baños cerca con ducha, que están limpiando continuamente (me gustó mucho recordar mi niñez en campamentos de verano).

El tiempo se nos estaba pasando volando y ya era hora de comer así que fuimos a comer a la pizzería del curry villaje una pizza grande y riquísima.

Después de comer nos fuimos a la zona de los Upper and Lower Pines, una zona en la que a veces se pueden ver osos negros… pero no hubo suerte. Debían estar durmiendo la siesta jeje.

La zona es preciosa, con zonas en el río para bañarse, praderas… muy muy bonito.

Nos fuimos caminando (una buena caminata la verdad) hasta el hotel Awahone. El hotel es precioso, en madera, con un gran vestíbulo una terraza increíble donde puedes tomarte algo tranquilamente. A la vuelta nos fuimos por otro camino en el que nos encontramos con un ciervo precioso que comía tranquilamente por la pradera.

Todo el valle es increíblemente bonito…

Nos marchamos hacia el coche para poner rumbo a Glacier Point. Tardamos más de la cuenta en llegar porque había un atasco importante en la salida del valle. Pero bueno ya os digo que os arméis de paciencia porque si vais en verano y más en fin de semana, es lo que os encontraréis.

De camino a Glacier Point está Tunnel View… aquí hacedme caso, tenéis que parar porque lo que verán vuestros es indescriptible, yo apenas podía hablar. No me salían las palabras. Yo que soy muy urbanita, me hubiese quedado más días por allí porque ver al imponente Capitan, las Bridevail Falls, con esa luz de final de tarde… fue un momento emocionante la verdad.

Y cuando ya piensas que no puedes emocionarte más… Llegas a Glacier Point, y entonces ya si que me quedo sin palabras para poder describiros todo aquello. Hay que estar allí arriba para vivirlo. Se dice que en Glacier Point se puede disfrutar de unos de los atardeceres más bellos del mundo… Yo no sé si es el más bello del mundo pero para mí fue espléndido.

Los cambios de color en las rocas según se iba poniendo el sol eran espectaculares.

Cuando se puso el sol, nos pusimos de nuevo rumbo al valle; al Curry Village ya para cenar, pero se nos había hecho tarde así que en la tienda compramos unos sándwiches y nos sentamos tranquilamente a comentar lo bueno que había resultado el día.

MARAVILLOSO YOSEMITE.

Lleváos una linterna aunque sea pequeña, porque apenas hay iluminación (y de camino a las tiendas, realmente no hay iluminación).

En las tiendas sin calefacción en verano se está bien, eso sí yo de madrugada pasé un poquito de frío…

Madrugamos de nuevo y fuimos a desayunar algo rápido. Dejábamos el valle para ir a Mariposa Groove, el parque de Sequoias de Yosemite.

Si os pasa como a mí y no tenéis tiempo de ir a Sequoia National Park, es una buena forma de quitaros la espinita.

Tras unas 40 millas (que se hacen largas debido a la limitación de velocidad), llegamos a la entrada de Mariposa y dejamos el coche en el parking.

Allí tienes opción de coger una especie de tren-guía o hacer la ruta a pie que es la que nosotros decidimos hacer… Merece muchísimo la pena ir caminando por el bosque pasando entre sequoias milenarias y gigantescas. Increíble la altura y el grosor que tienen!!

Te sientes como una hormiguita. Es como retroceder miles de años atrás, y eso que el parque ha sufrido multitud de incendios y ya no es lo que era, pero aún así es alucinante ver aquellos “monstruos”.

Impresionante la Grizzly Giant, o la Sequoia túnel…

Cuando llegas casi al final del camino te encuentras con la Fallen Tunnel que está en el suelo desde los años 60.

Para volver tienes que deshacer el camino, pero vas tan alucinado que no se te hace demasiado pesado. Nosotros calculo que tardamos en hacer la ruta completa unas dos horas y media.

Cuando llegamos al coche eran como las 11.30 y ya se empezaba a ver a muchísima gente en el parque así que lo más recomendable es ir bien temprano.

Y ahora sí… dejábamos la montaña… se estaba terminando nuestro road trip… Nos íbamos con imágenes de ensueño grabadas en la mente…

Pero esto no termina aquí ya que nos quedaba la última etapa de la aventura: La bellísima ciudad de San Francisco

Visitar Mono Lake y Bodie Ghost Town

Visitar Mono Lake y Bodie Ghost Town

Eran las 8 de la mañana cuando pusimos el coche en marcha.

Nos esperaban más de 800 kilómetros. Una locura… No me arrepiento de esta etapa, pero os aseguro que no volvería hacerla, y más conduciendo una sola persona… Pero no nos adelantemos.Nuestro destino era un pueblo a las puertas del Tioga Pass y en Mono Lake: Lee Vining.

El inicio de la ruta fue muy relajada, pasando por pueblos realmente bonitos, como Panwitch (un pueblecito típico del oeste, con salones de película incluido) o Cedar City.

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LA GRAN SORPRESA DE BRYCE CANYON

Tras esa intensa mañana (hay que ver lo que a uno le cunde el tiempo cuando está de vacaciones), íbamos realmente emocionados en el coche, comentando lo bien que estaba saliendo todo.

Todo estaba superando con creces nuestras expectativas (y eso que cuando uno prepara los viajes durante tantos meses, tiene la sensación de que nada puede sorprenderle).

Habíamos comprado comida para llevar en el supermercado de Page para no “perder tiempo” y llegar a Bryce con tiempo. Así comimos en el coche de camino unos sándwiches riquísimos la verdad y sobre todo una sandía exquisita y bien fresca.

El camino a Bryce resulta ser un camino de nuevo muy bonito, con bonitos paisajes y en los que pasas por un montón de pueblos típicamente de película (y sé que me repito, pero es la sensación que tuve todo el viaje, como estar dentro de una película).

Paramos a repostar en Kanab (un pueblo muy bonito) pero decidimos seguir camino rápidamente para aprovechar buena luz en Bryce y poder visitar el parque sin prisas. Cuando pasas Kanab ves el desvío que te lleva a Zion National park (los paisajes son verdes y preciosos, en contraste con las paredes de piedra) pero es otro de los sitios que tuve que descartar (junto con Arches y Canyonlands, muy a mi pesar) de la ruta. Tengo entendido que es un sitio muy bonito, con algunos trails sobre el río.

Según te vas acercando a Bryce, pasas por la carretera del Dixie National Forest: los paisajes son verdaderamente alucinantes, el contraste del verde de los árboles con el rojo pimienta de la roja hace que no puedas cerrar los ojos. Se te queda cara de bobo de verdad.

Por fin llegamos a nuestro hotel, a la entrada de Bryce Canyon. El hotel era el Bryce View Lodge, un anexo al complejo Ruby’s Inn. Lo reservamos a través de centraldereservas.com con el desayuno incluído y la verdad que muy bien, camas grandes y confortables y una habitación enorme y muy limpia. Hicimos rápidamente el check-in  y nos fuimos por fin a visitar Bryce Canyon.

Cuando vas por la carretera camino a los miradores, vas por medio de un bosque en el que de nuevo nos encontramos con algún ciervo,  y no te imaginas para nada la sorpresa que te espera…

El cañón de Bryce, no se es un cañón exactamente. Es como un anfiteatro espectacular con unas formaciones rocosas llamadas “chimeneas de hadas” que se han formado debido a la erosión, el agua y el hielo.

Sus primeros pobladores fueron los mormones y el nombre del parque se debe a su descubridor Ebenezer Bryce, que según cuentan, se quedó tan maravillado con la belleza del lugar que a pesar de las duras condiciones de vida en los inviernos decidió establecerse allí.

Cuando llegamos al primer mirador, no os podéis ni imaginar la cara que se nos quedó al ver el anfiteatro… Es una auténtica maravilla de la naturaleza, un paisaje realmente como de otro mundo… IMPRESIONANTE

El color de las rocas, el contraste con el las nueves y el cielo azul, maravilloso de verdad.

Desde allí decidimos hacer un pequeño trail (PRECIOSO), el Navajo Loop. No os lo podéis perder, ir bajando hasta el fondo del cañón… (no es nada complicado, os lo aseguro), pasar por entre esas rocas, cruzándoos con ardillas, realmente increíble.

Las siguientes paradas fueron en los siguientes miradores, a cada cual más bonito; y de lo único que tenéis que preocuparos es de disfrutar de lo que estáis viendo.

Para nosotros Bryce Canyon fue una auténtica sorpresa.

Seguimos por más miradores hasta que llegamos al último donde nos quedamos un buen rato ensimismados, en silencio, disfrutando de aquel paisaje que realmente parecía casi lunar.

Decidimos volver tras disfrutar de la caída del sol en el anfiteatro y como se nos había hecho tarde para ver el rodeo del Ruby’s, fuimos tranquilamente a cenar al restaurante del Ruby’s Inn. Buffet libre con bebida ilimitada por 24$ por persona. De la mejor comida de todo el viaje, una parrilla de carne impresionante, pollo, ternera, costillas, hamburguesas, pasta, postres variadísimos… Todo buenísimo ¡! Totalmente recomendable.

Nos fuimos a dormir muy pero muy satisfechos (y muy llenos ¡!!), porque el día nuevamente había resultado perfecto ¡!

Nos levantamos muy temprano y fuimos a desayunar (el desayuno incluido se hacía en el restaurante del Ruby’s) en el abundante buffete y después a llenar el depósito.

Dejábamos Bryce, para emprender una de las etapas más duras del viaje…

Cómo visitar Antelope Canyon.

Cómo visitar Antelope Canyon.

Al ir conduciendo hacia Page yo no podía evitar ponerme nervioso. Tras muchos meses de preparación de ver una y otra vez miles de webs, fotos, información, diarios de viaje que hablaban sobre Antelope Canyon, por fin íbamos a estar ahí…

Llegamos a Page con el cambio de hora (recordad el tema de los usos horarios en territorio navajo). Fuimos a la oficina de antelope canyon tours a asegurarnos de la hora del tour y nos dijeron que estuviésemos una media hora antes allí.
Aquí os tengo que hacer la recomendación de que la mejor hora para hacer el tour es cuando el sol está totalmente vertical (si vais en verano la mejor hora es el tour de las 11.30/12:00) nos costó 32$ por cabeza. Pero creedme, no veréis nada igual.

Nosotros lo hicimos con la empresa Antelope Canyon Tours; y ahora cuesta 6 dólares más. Nosotros quedamos muy satisfechos con esta empresa pero tenéis también otras empresas como:

Navajo Tours

Antelope Slot Canyon

 

Como teníamos tiempo, decidimos volver al coche e ir al mirador sobre el Lake Powell.

El Lago Powell está a muy pocas millas de Page, y se ha convertido en una zona de recreo muy concurrida donde multitud de americanos van a pasar fines de semana o vacaciones con sus embarcaciones.

No llegamos a bajar a bañarnos por falta de tiempo, nos conformamos con pasar un ratillo en el mirador. La verdad es que una zona bonita, con un contraste de colores del agua y las rocas espectacular.

 

Al volver como aún nos sobraba algo de tiempo, fuimos a tomar un café y a echar un vistazo a una tienda de ropa (sí, otro Levis más…) y ya nos dirigimos a la puerta de la agencia a esperar a que nos viniesen a recoger…

Aquí nos pasó una de las cosas más curiosas del viaje (y mejores, la verdad). Mientras estábamos esperando se me acercó una mujer a preguntarme si era David. Nos quedamos a cuadros, no me podía creer que en medio del quinto pino, me fuese a encontrar con nadie “conocido”. Pues bien, ahí estaba otra forera, con su familia ¡! Así que nada al final hicimos la excursión todos juntos, y la verdad fue emocionante poder compartir esos momentos con ellos y además, fue genial poder conocer a una familia madrileña estupenda como ellos. Así que desde aquí para Beatriz y familia, os mando un beso enorme. Fijaos qué cosas tiene esto de viajar; a dia de hoy Bea es una de nuestras mejores amigas.

Para llegar a Antelope, te montas en un Jeep y vas por medio de la arena, dando botes hasta que llegas a la brecha con tu guía navajo.

Que emoción ¡!!! La entrada a Antelope es una pequeña brecha en la pared que hace que esperes lo que vas a encontrar dentro.

A pesar de los tumultos de gente que a veces se forman dentro (aquello es verdaderamente estrecho), os puedo asegurar que Antelope Canyon es de las cosas más maravillosas que he podido ver hasta el momento.

El guía te va explicando como el agua ha ido haciendo todo lo que se ve en las fotos. Y os aseguro que las fotos no pueden llegar a captar lo que ves allí. Si tenéis suerte (no fue nuestro caso) os tocará un guía más “majo” digamos que se tomará más interés en pararse para que podáis hacer fotos, yo lo que hacía era retrasarme un poco del grupo para intentar hacer fotos donde no se viese gente (ya os digo que es algo complicado porque hay momentos que puedes llegar a sentirte un poco agobiado).

Con un poco de paciencia os aseguro que podréis hacer fotos maravillosas.

Estoy revisando las fotos antes de subirlas a esta etapa y sigo alucinando… No puedo deciros que haya sido lo que más me ha gustado, porque todo el viaje estaba superando con creces mis expectativas, pero sí que fue genial; y es IMPORTANTÍSIMO QUE HAGÁIS EL TOUR A MEDIODIA ( o dependiendo de la época que vayáis cuando el sol esté completamente vertical) porque a la vuelta, la luz era completamente diferente y no se podía apreciar bien lo bonito que es.

El tour es obligatorio hacerlo con guía porque hace unos años murió un turista debido a una crecida de agua.

El viaje de vuelta (nada, 15 minutillos) se hizo muchísimo más ameno hablando con Beatriz, intercambiando sensaciones del viaje.

Una vez llegamos a Page nos despedimos de la familia madrileña (con mucha pena, hay que ver el cariño que se pueden coger a ciertas personas sin apenas conocerlar, será por eso de que cuando hay feeling es que hay feeling) prometiendo volver a vernos ( como así ha sido).

Satisfechos, emocionados, extasiados y mil cosas más nos fuimos a comprar algo para comer y nos pusimos camino a otra de las grandes sorpresas del viaje: Bryce Canyon.

 

*NOTA: nos comentan algunos seguidores que hoy en día parece ser que el Upper Antelope está algo masificado; nosotros no podemos asegurar que sea así ya que lo visitamos en 2011. Aun así, Antelope Canyon es uno de los lugares más especiales y bonitos que hemos visitado. Así que no os podemos más que recomendaros su visita.

 

 

Monument Valley. El sabor del salvaje oeste.

El madrugón de ese día comenzaba a pasar factura… al poco rato de salir de la Desert View, comencé a sentirme muy cansado, con muchísimo sueño… tanto que se me estaban empezando a cerrar los ojos.

Decidimos parar en un “descampado” digamos, en medio de la nada, con un sol de justicia a estirar un poco las piernas y refrescarme un poco.

Había una especie como de casetas de obra, destartaladas, que resultaron ser como puestos de artesanía de los indios navajo… allí en medio de una carretera perdida en el quinto pinto bajo un sol de justicia… Nos acercamos a echar un vistazo y vimos una especie de cañón pequeñito que según le entendí al indio, lo llaman Little Colorado.

Por cierto que de verdad que las condiciones de vida de esta gente, yo no sé si es porque quieren o no y no voy a entrar a debatir, pero como descubriréis más adelante a nosotros no nos gustaron un pelo.

Decidimos continuar nuestro camino rumbo al más puro oeste de película. Los cambios paisajísticos eran alucinantes, y de nuevo carreteras inmensas, largas, rectas interminables… A nosotros se nos hizo muy ameno porque íbamos aún alucinados hablando del Gran Cañón y pensando en lo que veríamos a continuación; además íbamos con nuestra música y nuestros cheetos gigantes más felices que nada!.

Antes de llegar a Kayenta, hicimos una breve paradita porque vimos otro puesto de artesanía navaja, este sí que en medio de la nada más absoluta. Esta vez era una niña con su padre, de verdad que a mí se me encogió el corazón, porque de verdad que el calor que hacía era de justicia, allí, sin sombra alguna por ningún lado, así que decidí comprarles una pulsera hecha a mano (bueno o eso me dijeron claro, aunque la niña estaba haciendo collares).

Me fui de verdad que con mal cuerpo pensando en la pobre cría…

Llegamos a Kayenta y era ya hora de comer así que paramos por allí. Kayenta es un pueblo mayoritariamente poblado por indios navajos. Teníamos como mucha ilusión por llegar aquí, y la verdad que los indios de la carretera fueron muy amables. Pero al llegar a Kayenta… bueno es difícil de describir… Entramos en un mcdonald’s y os puedo asegurar que todos los indios que estaban allí (es decir todos menos nosotros) nos miraban muy pero que muy mal. Había un cartel que ponía que no tenían hielo, y que el baño no funcionaba así que nos fuimos pitando de allí. Cuando salimos había policía fuera detrás de nuestro coche con varios indios discutiendo. Cuando de repente un indio nos pegó un susto de muerte pegándole al cristal de la ventanilla y gritando no sé qué cosas así que salimos pitando de allí ¡!!

Fuimos a un burguer King que estaba casi pegado a Mcdonald’s y decidimos quedarnos allí, que por lo menos había hielo… pero de verdad vimos gente en mal estado, muy obesa comiendo sin parar, otros con muy mala pinta… No comimos nada a gusto, así que entramos al baño, comimos rápido y nos pusimos de nuevo en camino.

De hecho yo tenía el nombre de un bar muy típico de allí para tomar un buen desayuno al día siguiente pero lo descartamos porque no nos llevamos buena impresión de la zona…

Poco a poco te metes en la carretera que va a Monument Valley y vas viendo imágenes que sabes perfectamente que nunca podrás olvidar.

Según te vas a cercando ya ves alguna de las famosas formaciones rocosas.

Antes de llegar puedes parar en el arcén y comenzar a tirar una y mil fotos. No os imagináis la emoción que sentí al ir llegando allí.

La entrada a Monument Valley queda a la derecha de la US 163, primero pasas el centro de visitantes y un poco más adelante te desvías a la derecha.

La entrada cuesta 5$ (no vale el pase de parques naciones, ya que es reserva navaja no nacional).

Que alucine de verdad… solamente por ver las vistas desde el parking ya merece la pena haber llegado hasta allí. Increíble el contraste de colores de la tierra con el cielo.

Una vez allí, se pueden contratar tours guiados por navajos pero también se puede hacer por libre.

Cuando ves bajar los coches por esas pistas de tierra dices ¿yo también tengo que ir por allí?. Pero bueno con tener un poco de cuidado al conducir por allí (sobre todo id con cuidado por los bajos).

Os parecerá una tontería, pero conducir por medio de Monument Valley, es de las mejores experiencias de todo el viaje… Es tan auténtico que te sientes un aventurero, y piensas que en cualquier momento te puede aparecer un indio o un vaquero o las famosas caravanas de aquella época.

Vas haciendo el camino por libre y parar donde quieres. Cuando estás allí, entiendes que tantas y tantas películas del oeste eligieran Monument como una de sus localizaciones preferidas.

Cuando estábamos a mitad de camino se empezó a formar una tormenta que tenía mala pinta y se empezó a levantar muchísimo aire, pero aún así continuamos camino hasta la zona donde das la vuelta.

Los colores que se formaban con la tormenta eran muchos más bonitos si cabe.

Cuando terminas el recorrido, vuelves al parking y hay una zona con restaurante, tienda y el hotel The View (con vistas increíbles a todo Monument). Empezaba a caer el sol poco a poco y decidimos salir a la terraza con vistas que hay en la tienda a escribir unas postales y ver cómo iban cambiando los colores. Una experiencia inolvidable. Os aseguro que por muchas fotos que veáis y que os parezca (como he llegado leer a algunas persona diciendo que solo son un montón de piedras con arena…) es toda una sorpresa.

Teníamos el hotel en Mexican Hat, el siguiente pueblo más cercano a Monument Valley.

Nuestro hotel estaba justo a la entrada del pueblo a la izquierda, una especie de motel de carretera más que correcto con un buen restaurante.

Mexican Hat en sí, no tiene nada de interesante, es un pueblo con 3 hoteles y poco más, lo realmente interesante son los goosenecks del Río San Juan. Así que para allí que fuimos (a la salida de Mexican Hat cogiendo un desvío a la izquierda, por una carretera algo sinuosa…

Fue un anochecer precioso, eso sí, cuidado al asomarse porque no hay ningún tipo de valla protectora ni nada por el estilo.

Otra cosa para ver, es la roca con forma de sombrero mexicano que da nombre al pueblo (curiosa, sin más…).

Cenamos en el restaurante que hay junto al hotel y la verdad que una cena correctísima, muy abundante, con bebidas y postre por 28$ en total.

Y a dormir…creo que fue el día que más rendido caí en la cama… eso sí, totalmente emocionado.

Al día siguiente como era costumbre madrugamos y además teniendo en cuenta que en Page (destino de nuestra siguiente etapa, era una hora más que en Mexican Hat). Cargamos de nuevo el coche, y cogimos de nuevo la US 163 camino a Kayenta de nuevo.

De camino a Monument Valley desde Mexican Hat es donde podréis tomar las fotos con las vistas tan famosas de Monument Valley (sí, aquellas donde Forrest Gump se cansa de correr…); para mí de las mejores.

Podéis “arriesgaros” como yo y plantaros en medio de la carretera para hacer fotos tan bonitas como estas…

Y ya con estas maravillosas imágenes en la mente pusimos rumbo a nuestra siguiente etapa: Page.

El Gran Cañón del Colorado.

Cuando cogimos de nuevo el coche en Williams, había parado de llover, y me tranquilicé un poco.

Nada más salir de Williams el paisaje cambia de repente y comenzamos a ver grandes pinos y un paisaje mucho más verde, nada que ver con lo que hemos visto hasta ahora.

Justo al salir de Williams y desviarnos hacia Tusayan, empezó a llover de nuevo con fuerza y según avanzábamos más por la carretera, la tormenta se hizo mucho más fuerte, oscureció de repente y apenas se podía ver nada. Pasé bastante miedo conduciendo la verdad, porque venían coches de frente sin luces, y algunos de ellos te adelantaban a gran velocidad.

La verdad que me puse bastante triste, porque no me esperaba para nada que lloviera cuando estaba a punto de llegar al Gran Cañón ¡!.

Llegamos por fin al Gran Cañón e hicimos uso del Pase Anual de Parques Nacionales (yo se lo compré a una persona a través del foro de los viajeros; normalmente cuesta 80$ por coche, con lo que si entras a 3 parques que cuesta 25 dólares cada uno, ya lo amortizas).

La carretera que te lleva al Gran cañón discurre entre bosques de pinos y familias de ciervos.

Y llegamos por fin a nuestro hotel en el Village; el Bright Angel Lodge. Lo reservé previamente a través de xanterra.com (gestiona los alojamientos en los parques) con muchísima antelación porque tenía muy claro que quería dormir en el Gran Cañón.

Fue todo un acierto este hotel, la habitación muy básica, en madera, pero suficiente, con una cama comodísima, y un baño amplio. Y justo en el borde del Gran Cañón, creo que no se puede pedir nada más.

Tras dejar las cosas en la habitación, y a pesar de que seguía lloviendo bastante, y estaba muy nublado, salimos al borde, para ver por fin EL GRAN CAÑÓN DEL COLORADO.

El Gran Cañón del Colorado se encuentra al Norte de Arizona y digamos que cuenta con dos orillas la Sur y la Norte (nosotros visitamos la Sur; la conocida South Rim) y tiene unos 446 km de longitud (¿impresionante verdad?) y alcanza profundidades de has 1600 metros y tiene cordilleras que van desde los 4 a los 26 kilómetros de anchura. El río Colorado ha ido erosionando las rocas durante más de 2000 millones de años.

El Parque Nacional del Gran Cañón está considerado como una de las maravillas naturales del mundo y es uno de los primeros Parques Nacionales de Estados Unidos.

Cuando nos asomamos por primera vez al borde, no os puedo describir lo que sentí, a pesar de lo nublado que estaba, de la lluvia… tan solo salió de mi boca (abierta hasta el suelo) un WOOOWWW ¡!!; me faltaba el aire…

Lo podréis haber visto en foros, postales, películas, documentales… pero os aseguro que ni la mejor foto del mundo refleja lo que allí se contempla. Os aseguro que es una de las cosas más maravillosas y sorprendentes que he visto nunca.

Tu vista se pierde en el horizonte del Gran Cañón y de verdad que no os salen las palabras.

Siguió lloviendo durante un buen rato pero poco a poco se veían algunos rayos de sol. No podríamos ver anochecer en todo su esplendor, pero poco a poco los colores de las rocas fueron cambiando y pudimos contemplar imágenes que no podré borrar nunca de mi mente. Fueron momentos realmente maravillosos.

Dejó de llover y estaba oscureciendo así que fuimos rápidamente a hacer un pequeño trail a pie y seguir haciendo fotos sin parar.

Y me quedé de pie en una roca, en silencio, contemplando como anochecía. Os aseguro que ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Indescriptible.

Se hizo de noche y volvimos al hotel, y nos quedamos a cenar en el restaurante del Bright Angel una cena muy abudante y nada cara.

Y después de ese día tan maravilloso, nos fuimos a dormir a pesar de que era muy temprano pero al día siguiente nos despertábamos muy temprano.
El despertador sonó a las 03.50 de la madrugada… noche cerrada, pero nosotros ya estábamos en marcha, para coger el primer autobús que nos llevaría a uno de los miradores. No me lo podía creer, íbamos a ver el amanecer sobre el Gran Cañón.

Hay varios puntos para ver bien el amanecer; a nosotros en el hotel nos dieron la hora exacta a la que comenzaría a salir el sol y el mejor punto para verlo.

Cogimos el autobús con 5 personas más, y nos dirigimos a Yaki Point.

Estaba todo realmente oscuro. Esperamos impacientes, yo colocando mi trípode, charlando un rato y viendo como llegaba alguna que otra persona. Y poco a poco, comenzó a amanecer.

Pero que colores tan bonitos ¡!!! Y eso que el día comenzaba cubierto y no se pudo apreciar del todo bien. Pero fueron momentos mágicos e inolvidables, estar allí plantados viendo como se iba descubriendo ante ti el imponente Gran Cañón del Colorado.

 

Según estoy escribiendo estas palabras, no consigo encontrar la manera de expresar lo sentí en aquellos momentos. Totalmente espectacular.

Volvimos al bus para ir de regreso al hotel, donde dejamos listas las maletas y fuimos a desayunar a la cafetería del hotel ya que se acercaba otro de los momentos claves del viaje: íbamos a sobrevolar el Gran Cañón del Colorado en helicóptero ¡!!

Cogimos el coche y nos fuimos al aeropuerto de Tusayan donde nos dirigiríamos a la zona de Papillon Tours, empresa con la que habíamos contratado el tour previamente.

Al llegar comprobaron nuestros nombres, y nos pesaron para distribuir bien el peso dentro del helicóptero.

Tras eso pasas a una sala donde te ponen un video explicativo con las medidas de seguridad.

Esperamos un rato junto a una familia francesa y por fin nos tocó nuestro turno.

Estábamos un poco nerviosos, era la primera vez que íbamos a volar en helicóptero, pero os aseguro que una vez subió, aquello se mueve muchísimo menos que un tren.

Comienzas sobrevolando un bosque de pinos y poco a poco te acercas; y de repente y sin avisar, se abre ante ti la gran brecha.

Si me había quedado sin palabras al ver anteriormente el gran cañón, todo esto lo superaba con creces.

Os recomiendo con creces la experiencia porque es algo que no podréis olvidar jamás. Estar dentro del mismísimo Grand Canyon, ir bajando, rozando las paredes, viendo algunos sedimentos… impresionante de verdad. Además a través de los cascos escuchas una audición con la historia de la formación del Gran Cañón verdaderamente interesante.

Y os aseguro que las fotos no le hacen nada de justicia.

El tiempo se pasó volando (nunca mejor dicho), pero os aseguro que ha sido una de las cosas mejor pagadas de todo el viaje.

Regresamos al parque y estuvimos un rato por el mirador detrás del hotel y después bajamos a hacer un trozo del Bright Angel Trail.

Muy recomendable también, vas bajando poco a poco hacia el fondo del cañón, sintiéndote como un auténtico aventurero. Se puede llegar hasta abajo pero nosotros por falta de tiempo no pudimos llegar hasta abajo, así que a mitad de camino decidimos dar media vuelta y volver a subir.

Tras descansar un rato y tomarnos algo fresco, nos fuimos al coche, y salimos del parque por la Desert View, despidiéndonos del Cañón del Colorado parando en algunos de los últimos miradores.

Es de esas cosas que tienes que ver por ti mismo al menos una vez en la vida. Es que no te puedes hacer una idea de lo que es hasta que estás allí. Es realmente impresionante.

Nos íbamos con muy buen sabor de boca y realmente maravillados; y muy contentos porque la siguiente etapa, prometía y mucho.

Rodando por la ruta 66 !!

Nuestra aventura en Las Vegas se había terminado, nos quedamos con ganas de mucho más pero era hora de comenzar la auténtica aventura por carretera.

Antes de comenzar nuestro trocito de ruta 66 y como salimos bien temprano de Las Vegas, nos fuimos a visitar la Presa Hoover (Hoover Dam).

La presa Hoover se encuentra a unos 48 kilómetros al sur de Las Vegas; en la frontera entre Arizona y Nevada.Su construcción comenzó en 1931 y se prolongó 5 años más (aunque la terminaron dos años antes de lo previsto). El lago que se creó con la construcción se llama Lago Mead, en honor al arquitecto “jefe” del proyecto.

Una vez llegáis, se puede dejar el coche en el parking del centro de visitantes, previo pago de 5 dólares si no recuerdo mal. Una vez allí, se pueden contratar tours guiados para visitar el museo etc. Nosotros fuimos por libre paseando por la carretera que pasa por la presa .

Impresiona muchísimo la altura (221 metros). Es inmensa ¡! Asomarte da una impresión tremenda.

Si se sigue un poco por esa carretera con el coche se puede llegar a un mirador donde hay un parking gratuíto, y desde donde se tiene otra perspectiva. Pero lo mejor es dejar el coche en el parking de pago y caminar un poquito sobre ella.

Una vez vista (si no se entra al museo o no se hace una visita guiada; no se tarda demasiado en echar un vistazo) volvimos a nuestro Dodge y nos pusimos rumbo a hacer nuestra pequeña ruta 66 ¡!.

Hablar de la Ruta 66 es hablar de viejos tiempos, de motos, de camiones, de tormentas de polvo, de rock and roll y de road trips.

De restaurantes de mala muerte y moteles de carretera.

Hablar del la ruta 66 es sumergirse en el corazón de la América profunda.

La Ruta 66 (U.S. Route 66) es conocida como la “calle principal de América” y originariamente transcurría desde Chicago (Illinois), a través de Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo Mexico, Arizona y California (finaliza en Los Angeles con un recorrido total de 2448 millas, o lo que es lo mismo, 3993 kms) y fue inaugurada en noviembre de 1926.

La ruta 66 fue itinerario de la multitud de emigrantes que viajaban al oeste en busca de nuevas oportunidades; muy especialmente durante las tormentas de polvo de los años 30.

Esta ruta, mantuvo en alza la economía de las zonas que atravesaba, que tuvieron unos años de prosperidad, hasta que poco a poco fue desplazada por la Red de de Autopistas Interestatales de Estados Unidos, llevando a muchas pequeñas poblaciones a un declive evidente.

Hoy en día, la Ruta 66 es un recuerdo de aquellos años dorados; una ruta mítica gracias al turismo y al poco sostenimiento que hacen algunas asociaciones.

Ahora ciertas partes de la carretera, aparecen señalizados como Historic Route 66 para señalizar esos lugares y que no caigan en el olvido.

Conducir por parte de la histórica ruta 66 ha sido una experiencia increíble. Una de las mejores partes del viaje, en la que te sientes más que nunca dentro de una road movie norteamericana.

Tras salir de la presa hoover, pusimos la dirección en el GPS para empezar a hacer un pequeño camino por la Ruta 66.

Primera parada: KINGMAN (Arizona)

Cuando llegamos a Kingman nos dimos cuenta que aquello era típical american (como muchos de los sitios por los que pasaríamos los días siguientes) una gran carretera, con grandes calles a cada lado y alguna gasolinera y tiendas a cada lado… Las casas ya os imagináis que en ese tipo de pueblos americanos quedan retiradas.

Fuimos a tomarnos algo a Mr. Dz; otro típico restaurante años 50, donde nos tomamos uno de los mejores batidos de vainilla que he probado en mi vida ¡! El bar es genial, y las hamburguesas tenían una pinta exquisita ¡!! Pero era muy temprano aún para comer…

Cruzamos la calle y fuimos a una especie de museo sobre la ruta 66 (gratuíto y con una señora muy amable que nos dió un mapa de la ruta con puntos imprescindibles) y aprovechamos también para hacer fotos a la famosa y descomunal locomotora Santa Fe.

Tras hacer alguna foto mas, volvimos al coche dispuestos ahora si a ir por la auténtica carretera 66. Os aseguro que es alucinante conducir por esa carretera comarcal pasando por la nada, por zonas desérticas, y viendo a lo lejos algún que otro pueblo destartalado.

El siguiente punto de interés era parar en Huckberry, pero sin llegar a entrar en el pueblo, en la carretera está la Huckberry General Store. Esta zona era una de mis prioridades del viaje; se trata de una antigua gasolinera-rancho-tienda-licorería (vamos, de todo un poco).

Quizá sea de las cosas más fotografiadas de la ruta 66, y pude sacar las mejores fotos de todo el viaje.

Tuvimos mucha suerte porque cuando paramos se iba el único coche que había y estuvimos solos en la zona todo el tiempo.

Tras estar un buen rato por la zona, nos montamos en el coche ya que teníamos un ratillo hasta el siguiente pueblo donde pararíamos. Seligman.

Otro típico pueblo con una calle principal y las casas y tiendas a cada lado.

Había multitud de tiendas dedicadas a souvenirs de la ruta 66; nosotros entramos en una que estaba a rebosar de cosas, y nos compramos una camiseta con el logotipo de la ruta.

Puede que fuera un pelín turístico pero a la vez muy auténtico también, y con alguna que otra cosa curiosa cuando menos.

Y ya nos fuimos hasta nuestra última parada de la ruta 66; Williams, una de las ciudades dormitorio del Grand Canyon.

De nuevo una calle principal larga, multitud de tiendas y muy muy poca gente por la calle; de esos sitios donde parece que el tiempo se ha detenido.

Aparcamos el coche frente a una tienda y entramos a curiosear un poco y de paso le preguntamos a la dependienta por el bar Twister; otro bar ambientado en los años 50 donde nos pararíamos a comer; entramos en varias tiendas (alguna de ellas de artesanía en madera muy bonita).

El bar está al final del pueblo pero decidimos ir andando para pasear un ratillo y estirar un poco las piernas.

Una comida muy americana con sándwiches y hamburguesas y el maravilloso re-fill de Coca-Cola ¡!!

Y de repente… Empezó a llover, a tronar… caía agua como si fuesen cubos ¡!! Y bajaba una riada por la carretera… bueno, una tormenta de las gordas ¡!! (yo pillé uno de mis habituales mosqueos…) así que aunque habíamos terminado de comer nos quedamos dentro del bar por ver si amainaba pero nada… así que salimos hacia el coche (recordad que lo dejé a mitad del pueblo…) y nos pusimos empapados de agua…

Dejábamos así la ruta 66… y nos dirigíamos ya al GRAN CAÑÓN DEL COLORADO…